5 de septiembre de 2013 / 12:37 p.m.

Costa Chica • Decenas de niños tienen un semblante distinto, a decir de sus propios padres. Y es que ellos son el principal objetivo de la Cruzada Nacional sin Hambre que ha iniciado aquí con la instalación de las 50 de 500 cocinas comunitarias.

 

Es el eje rector de la campaña montada por la Secretaría de Desarrollo Social, cuya logística y hechura corre por cuenta del Ejército mexicano por dos razones: debido a la inseguridad que priva en este punto de la geografía nacional y por su grado de experiencia en la preparación de alimentos en grandes cantidades.

 

Por eso ahora la tropa ha pasado del dedo en el gatillo a la cuchara sopera, ha dejado campos de batalla para hacerse del sartén y la cocina para enseñar a madres de familia a cocinar en proporciones mayúsculas, para después cederles este trabajo a ellas y al personal de la Sedesol.

 

Esta nueva misión también sirve a los soldados para relajar el músculo después de varios años de enfrentar y contener al crimen organizado. Así lo expresan a MILENIO en el momento en que preparan y sirven alimentos.

 

Inicio del esfuerzo

El comandante de la 27 Zona Militar de Guerrero, el general Mario Lucio González, refiere que el 12 de agosto pasado inició formalmente la Cruzada Nacional sin Hambre.

 

“Se trata de una primera fase donde hemos conformado varias cocinas comunitarias y por citar algunos ejemplos, 12 de esos comedores están en San Luis Acatlán, cinco más en Ayutla de los Libres, otros cuatro en Tecoanapa y cinco en Juan R. Escuedero”, explicó.

 

Sin embargo, en algunos lugares del territorio guerrerense, particularmente en la Costa Chica, los llamados grupos de autodefensa o policías comunitarios convencieron a los habitantes de impedir la realización de esta cruzada para abatir el hambre.

 

“Tuvimos inconvenientes en la comunidad de El Paraíso, en Ayutla de Los Libres –los 300 policías comunitarios a los que el Ejército desarmó en días pasados pertenecen a esa comunidad—, donde inicialmente se tenía prevista la instalación de la cocina comunitaria, pero en virtud de la situación, la misma comunidad no quiso y se pasó a Coscotlán, San Pedro”, admitió el comandante militar.

 

A diferencia de ese lugar, el recibimiento a los soldados ha sido otro en el poblado de Palo Gordo, en la región de Tierra Colorada. La subteniente intendente y coordinadora de una célula de militares, Karen Trejo Díaz, asegura: “Hemos sido bien aceptados, consideramos que hemos sido vistos con buenos ojos, porque estamos no nada más dándoles de comer, sino enseñándoles a preparar sus alimentos.

 

“Llevamos más de 20 días proporcionando alimentos a la población e instruyendo a las señoras cómo preparar de manera higiénica el alimento en grandes proporciones, que tengan contenidos nutritivos”, abundó la subteniente del Ejército.

 

Algunas señoras confirman la capacitación que han recibido por parte de los soldados. Rosa Isela Téllez Bernabé, pobladora de Palo Gordo, manifestó: “Gracias a Dios varias mamás hemos aprendido con esta capacitación del Ejército cómo hacernos cargo de la operación de esta cruzada y seguir echándole ganas”.

 

Además de capacitar a amas de casa, esta labor les sirve como terapia a los soldados, como lo comentó el general Mario Lucio González, al asegurar que este tipo de actividades ayuda al soldado a relajarse, luego de varios años de sostener combates contra la delincuencia organizada.

 

El cabo Roque García García coincide: “Esta misión es muy diferente, porque en operaciones de contención del crimen organizado estamos pendientes, expectantes en todo momento y ciertamente ahorita estamos en un territorio que es conflictivo, pero ahora estamos tranquilos, porque esto es muy relajado y nos ayuda a cambiar de rutina”.

 

“¡Claro que esto es relajante y uno descansa un poquito!”, asegura el cabo Zeferino Gómez López, en tanto, la subteniente Karen Trejo expresa que luego de seis años de combatir al crimen organizado el estado de ánimo cambia con este tipo de misiones, porque “es muy bueno interactuar con las personas, sobre todo con los niños, con las mujeres, con los adultos mayores y eso significa una gran satisfacción”.

 

Soldados de todos lados

Para conformar las células militares, los altos mandos del Ejército echaron mano de tropas de entidades como Chiapas, Quintana Roo, Michoacán, entre otras.

 

José Manuel Bautista Ramos tiene 10 años. Luego de comer se levanta para agradecerle a los soldados y se ofrece para limpiar las mesas, porque “nos están dando de comer a los que no tenemos dinero y me gusta que los soldados ayuden así; yo quiero ser militar cuando sea grande”.

 

De la misma manera se expresa Abizail Hernández Jiménez: “Está muy bien que vinieran a ayudar a los más necesitados; yo por eso voy a ser militar cuando sea grande”.

 

—¿Por qué te están dando de comer?

—¡No! ¡Porque de por sí me gusta!

 

Moisés Carvajal, padre de familia, afirma: “Estamos muy agradecidos por este apoyo para los niños, que es el principal objetivo, como nos dijeron los de la Sedesol. Había niños muy desnutridos, pero ahora vemos que están saliendo adelante no solo con la ayuda del gobierno federal, sino también del pueblo que pone mucho de su parte”.

RODOLFO MONTES