27 de diciembre de 2013 / 11:28 p.m.

Las montañas entre Nuevo León y Coahuila se vistieron de blanco luego de una copiosa nevada que obligó al cierre de carreteras. 

 

 

Monterrey.- Ver nevar en el noreste de México es una oportunidad que pocos tienen de disfrutar, y cuando aparece ese fenómeno se acaban los achaques y todos se lanzan para disfrutar de esa aventura. 

 

Ahora le tocó el turno a las sierras de los estados Nuevo León y Coahuila. Por un lado, las cumbres de las montañas de los municipios de Galeana, Santiago y Rayones se pintaron de blanco, pero la nublazón permitió pocas libertades.

 

Fue en San Antonio de las Alazanas, comunidad de 2 mil 500 habitantes pertenecientes al municipio de Arteaga, Coahuila, donde la atmósfera comenzó a tomar notalidades alpinas, en una zona de cultivo de manzano, ciruelo y membrillo.

 

Los 65 kilómetros que separan esta zona serrana de Saltillo no fueron obstáculo para que infinidad de familias congestionaran la carretera. El frío, la niebla y la llovizna no se convirtieron en freno para lanzarse a disfrutar el paisaje, tomar fotografías o elaborar monos de nieve.

 

Primero fue la policía municipal, luego la estatal, más tarde la federal e incluso el Ejército los que paulatinamente fueron lanzándose para tratar de meter orden.

 

La carretera hasta la zona conocida como Monterreal fue cerrada debido a la acumulación de nieve que convertía en jornada peligrosa el intentar circular en vehículos o a pie.

 

La oportunidad de enfrentar en México el ambiente congelante no es muy común para un perro San Bernardo, cuyos orígenes se remontan en los alpes suizos.

 

Un deportista saltillense no encontró en los cero grados un motivo para dejar de prepararse para un maratón.

 

Los panoramas, de por sí paradisíacos, adquirieron otra dimensión con la caída de la copiosa nevada.

 

Quienes obtuvieron ganancias inesperadas fueron los lugareños, que ofrecieron cafecito de olla, gorditas de azúcar y todo tipo de viandas campestre para la oleada de visitantes atraídos por el maravilloso espectáculo.

 

Fue, sin duda, una inigualable oportunidad de convivir con la familia en uno de esos momentos en que la caprichosa naturaleza le da por brindar estos regalos...

 

Joel Sampayo