Zyntia Vanegas 
21 de agosto de 2013 / 10:57 p.m.

 

Monterrey • Nunca es tarde para aprender, y muestra de ello es Victoria Bautista Hernández, quien a sus 40 años acaba de terminar la secundaria.

Para lograr concluir sus estudios, ella se enfrentó a varios retos, y uno de estos fue ser indígena y tratar de salir adelante en una ciudad como Monterrey, algo que no ha sido sencillo.

“Desde chiquilla siempre me ha gustado estudiar, aquí hubo esta oportunidad y dije voy aprovechar aunque mucha gente de mi casa no me creía, yo me acerque y le empecé a poner ganas”, indicó.

Es originaria de Veracruz, habla náhuatl y debido a la falta de recursos en su pueblo, sólo estudiohasta primer año de educación básica, para luego dedicarse a trabajar vendiendo bordados.

Ella vive en el municipio de Júarez y es madre de tres hijos jóvenes, de 22, 21 y 17 años.

Aunque su trabajo es toda una artesanía, es difícil poder vender sus productos en la ciudad, por ello sintió el deseo de buscar salir adelante en otro empleo.

“Con el papel que ya tengo a lo mejor me aceptan, porque antes no me daba trabajo porque no sabía leer y escribir, espero me den trabajo y quiero seguir estudiando para ser de ecología, desde el rancho me gustaba”, dijo.

Al no saber leer ni escribir, nadie le daba una oportunidad, ya que las empresas no contratan a personas que no saben lo básico, pero a pesar de que muchas puertas se cerraron, ella no perdió la esperanza.

Sus ganas de salir adelante han sido mayores a la fe que le tienen, en tres meses ha logrado terminar la secundaria con un promedio de 8.7 y esto es el inicio de una carrera que nadie detendrá.

El trabajo no ha sido sencillo, además de aprender lo básico, ha tenido que enfrentarse a las nuevas tecnologías, y dar uso a una computadora que al principio le daba miedo manejar.

“Nunca me imaginé, la verdad me daba miedo, no sabía que era, si entro o como le hago decía yo sola, pero poco a poco le fui aprendiendo”, señaló la mujer.

Victoria aseguró que no existen límites para salir adelante en la vida, por eso invitó a las personas adultas que no cuentan con estudios a seguirse preparando.

Ahora enseña a los niños que acuden al centro para que puedan hacer sus tareas, y su reto es enseñar a su esposo que vende elotes para sostener a la familia.