30 de enero de 2013 / 02:29 p.m.

Monterrey.- Para Ricardo, el percusionista del grupo Kombos Kolombia, la música no estaba como prioridad en su futuro. El soñaba con tener su clínica veterinaria.

La suerte, finalmente, le cambió sus planes, y este joven de 27 años fue masacrado por un grupo armado junto con todos los integrantes del grupo, al que se había integrado apenas hace dos meses.

“"Mi hijo era un buen muchacho, tenía su veterinaria en México, pero quiso venirse a Monterrey a poner otra, y se integró con el grupo, porque él ya había tocado antes con La Tremenda Corte"”, dice esta mujer, en el mismo umbral del Hospital Universitario, donde momentos antes había reconocido el cadáver de su hijo.

Ricardo Alfonso Verduzco Sáenz llegó hace cuatro meses a Monterrey, procedente del Distrito Federal, a donde había prometido regresar la semana pasada, para acudir al sepelio de su abuelo materno. Volverá, pero para su propio funeral.

Aunque todo esto representa un problema para su madre, María Sagrario Sáenz Contreras, que sin recursos para el traslado, no sabe a dónde acudir.

“"La mera verdad, no sé cómo me voy a llevar a mi hijo. No tengo dinero, ni sé a dónde acudir”".

María Sagrario Sáenz habló con su hijo el jueves por la tarde. El viernes, cuando supo del secuestro de los integrantes del Kombo Kolombia, pidió prestado para el pasaje de avión, dejo a su padre en la capilla ardiente, y vino a buscar a su hijo. Lo halló en una gaveta del anfiteatro del Hospital Universitario.

La mujer cuenta que su hijo era profesor de percusión y veterinario titulado en una universidad del Estado de México. De hecho, allá tenía su clínica, pequeña, pero propia.

Pero pensó que en Monterrey, donde viven sus tías, podría hallar más campo para trabajar en su profesión, y hace cuatro meses se vino con la esperanza de volver a iniciar aquí.

La música era un ingreso que tenia, pero no lo único donde tenía puesta la esperanza de su futuro.

De alguna manera, María Sagrario regresará a México con el cuerpo de su hijo. Con su recuerdo, y la duda permanente del por qué tenía que morir asesinado, y la certeza de que al final, para ella es otra víctima inocente de esta guerra.

FRANCISCO ZÚÑIGA ESQUIVEL