24 de julio de 2013 / 12:56 p.m.

Familiares y amigos acudieron al panteón a despedir a Juan Pablo Liñán, uno de los fallecidos en la explosión de la empresa acerera.

 

Apodaca• Con música norteña, aplausos y porras, Juan Pablo Liñán, uno de los trabajadores que perdió la vida durante la explosión en una planta de la empresa Ternium, fue despedido ayer en el panteón.

Cientos de personas entre familiares, vecinos, amigos y compañeros de trabajo lo acompañaron a su última morada.

Como se recordará, Liñán Montemayor falleció la tarde de este lunes durante la explosión en unas torres dentro de la planta de la citada empresa, en el municipio de San Nicolás.

Inicialmente el saldo de víctimas mortales fue de dos, y ascendió a cinco.

Alrededor de las 17:00 horas arribó el cortejo fúnebre al panteón Los Ángeles, ubicado en el municipio de Apodaca, donde ya lo esperaba un conjunto de música norteña, quienes interpretaron algunas canciones que a él le gustaban.

En el cementerio, algunos de sus amigos lo describieron como una persona muy amigable, un excelente padre, deportista y sin vicios.

A Juan Pablo le gustaba mucho el futbol, le iba a los Tigres y practicaba este deporte a nivel amateur, primero en el equipo Hylsa Ternium y todavía hasta hace unos días en el club Dinastía de futbol 7, que era integrado por él y sus cuñados.

El cortejo fue encabezado por su esposa Verónica Garza viuda de Liñán y por su hija, Tabata, de 14 años.

Un amigo cercano de Juan Pablo, quien omitió su nombre, comentó que tenía muchos planes personales y laborales, ya que en Ternium lo acababan de ascender, desde hace dos meses ya era empleado de confianza, y por ello, recién había celebrado con una carne asada ese logro.

Dijo que se le hace extraño ese accidente donde Liñán perdió la vida junto a otras cuatro personas, ya que era muy responsable en su labor, que era de mantenimiento de algunas instalaciones.

En su despedida, Juan Pablo Liñán recibió algunas porras y mensajes de su esposa y de quienes lamentaban su partida, incluso hubo quienes a su salud, tomaron un trago de tequila.

Finalmente, al bajar el ataúd a la fosa, decenas de flores le fueron lanzadas, su camisa de Tigres se fue con él, y muchas lágrimas de todos los que lo querían y que ya lo extrañan.

RICARDO ALANÍS