Juan Pablo Becerra-Acosta/México
5 de septiembre de 2013 / 12:02 p.m.

Buenavista Tomatlán • La pregunta que se hace, y que al mismo tiempo lanza al aire en infructuosa búsqueda de que alguien la responda, es elocuente:

 

—Los narcos matan, secuestran, extorsionan, ya sabemos, pero, ¿hasta dónde llega su insolencia?

 

Hasta dónde llega su insolencia. Su violencia. Eso cuestiona un joven ingeniero que sale en coche de la construcción, la obra en proceso de una nueva prisión federal ubicada a 10 kilómetros de La Ruana, municipio de Buenavista Tomatlán, en la Tierra Caliente de Michoacán. Aquí, en esta región ardiente, esa insolencia, esa violencia, llega a obstaculizar e impedir que concluya la edificación de la nueva cárcel.

 

El sexenio pasado el gobierno federal anunció que construiría ocho penales, cuya elaboración sería concesionada a empresarios. Uno de esos reclusorios se concibió en este lugar y es la empresa Promotora y Desarrolladora Mexicana (Prodemex) la encargada de erigirlo. Sólo que hacerlo en esta zona sumida en conflictos de narcotraficantes y autodefensas, quizá no era muy buena idea: en cuanto se enteraron de la multimillonaria inversión (4 mil millones de dólares y una ganancia calculada en 20 años de más de 12 mil millones de pesos por prestar servicios como alimentación y limpieza en el penal), miembros de un grupo criminal (Los caballeros templarios, según los pobladores de La Ruana) decidieron extorsionar a los constructores: les exigieron 20 millones de pesos a cambio de dejarlos trabajar.

 

La empresa no cedió, el gobierno federal protegió la obra y los delincuentes empezaron a aterrorizar a los trabajadores: arquitectos, ingenieros, albañiles y choferes fueron objeto de amenazas para que no laboraran y se suspendiera la edificación. Y así ocurrió: en diciembre pasado se detuvo. Meses después se reanudó "al 100 por ciento", según policías federales que custodian el lugar, pero ahora, de nuevo, la construcción, muy avanzada en obra negra, yace prácticamente abandonada.

 

Marcos es uno de los choferes contratados para transportar desde Morelia hasta La Ruana (250 kilómetros de distancia) a ingenieros provenientes de otras entidades, como Puebla y Estado de México, quienes fueron contratados para edificar la prisión. Marcos, como decenas de trabajadores más, renunció por amenazas del crimen organizado y narra cómo hicieron lo mismo otros ingenieros y obreros…

 

—¿Los empezaron a amenazar?

—Sí, nos dijeron que no querían que fuéramos por la gente, a recogerla, llevar y traer a los que yo transporté. Y sí, ellos también empezaron a dejar de ir porque estaban amenazados…

 

—¿Cómo los amenazaban?

 

—De muchas maneras. Decían que así como habían investigado sus números de celular, podían investigar dónde vivían, quién era su familia, cuánta familia tenía y que iban ir sobre ellos. Que ya no querían que siguieran construyendo el Cefereso…

 

—¿Se les acercaban?

 

—Sí, nos buscaban en el camino y nos amenazaban o simplemente nos echaban las camionetas para asustarnos. En los hoteles nos dejaban recados de que ya no querían que siguiéramos trabajando…

—¿Había contacto directo?

 

—Sí. Por ejemplo, afuera había puestos de comida. Los albañiles salían a comer tortas o quesadillas. Una vez la señora de un puesto le pasó un radio a uno de los trabajadores. Le dijo: “¿Es usted fulano de tal? ¿Sí? Ah, pues aquí le hablan unas personas”. Y le apachurra con la mano un botón del radio, que era como walkie talkie: “Para hablar, usted apriétele aquí. Y cuando quiera escuchar, suéltele”. Y empezaron a amenazar al señor, y se metió rápido al Cefereso. Y les dijo a los jefes: “¿Saben qué?, sáquenme de aquí, ya me amenazaron, ya no quiero salir para nada. Denme de comer, denme esta semana nomás de trabajo y llévenme ya, sáquenme de aquí…”

 

—¿Se siente feo ese miedo?

 

—Pues algo, jajaja… —ríe nerviosamente, con mirada de pánico, las pupilas dilatadas—.Ya cuando venía uno en la carretera manejando era cuando daba un poquito de pánico…

 

El líder de las autodefensas de La Ruana, Hipólito Mora, asegura que los narcos, para aterrorizar a trabajadores y presionar a los empresarios, mataron a dos obreros. Funcionarios del gabinete se seguridad confirmaron a MILENIO al menos uno de estos casos, el de un ingeniero que fue plagiado y ejecutado por criminales.

 

—Tengo entendido que alguien les filtró el presupuesto de la construcción de la cárcel, de lo que iban a invertir los empresarios, y a ellos se les prendió el foco de que para dejar que siguieran construyendo tenían que entregarles 20 millones de pesos…

 

—Asustaron a los trabajadores…

 

—Vinieron a amenazar a empleados, ingenieros, albañiles, desde el más grande al más chico, que nadie podía trabajar ahí y la obra se paró un tiempo. La gente se asustó y mataron a algunas personas para que los demás tuvieran miedo…

 

A la empresa Prodemex, constructora de la mayor parte de hoteles Camino Real y Hospitales Ángeles en todo el país, se le buscó por una semana para que fijara su postura sobre el asunto. Todos los días la asistente personal del ingeniero encargado de la obra remitía a la jornada siguiente para entregar un posicionamiento. No fue así…

 

En la obra hay decenas de policías federales custodiando la construcción. Solo unos cuantos trabajadores se mueven en el interior. El sitio se ve desolado, la obra negra visible, abandonada. No se escucha ni una sola máquina trabajar, ni un solo golpeteo de obreros laborando. Solo el viento que sopla fuerte en los sembradíos aledaños. Silencio provocado por la insolencia, por la violencia de los criminales…

 

 

"Ya no hay extorsiones"

Consultado por MILENIO sobre este asunto, el gobierno federal confirmó las extorsiones que desde hace año y medio fueron denunciadas por la empresa Prodemex, aunque éstas se remontan al sexenio pasado y ya cesaron.

 

El subsecretario de Normatividad de Medios y vocero del gabinete de seguridad, Eduardo Sánchez, dijo en entrevista que al inicio de este gobierno se reforzó la vigilancia en la obra y aclaró que nunca ha sido suspendida. Más aún, sostuvo que se ha garantizado 100 por ciento el suministro de insumos usados en la construcción.

 

Indicó que personal del Ejército y la Policía Federal han escoltado a trabajadores y directivos de la empresa cuando se ha requerido.

 

El vocero aseguró que el gobierno federal tampoco ha vuelto a tener información de que trabajadores de la nueva cárcel hayan sido objeto de amenazas de delincuentes.

 

Sánchez precisó que en ningún momento de este sexenio la empresa se ha quejado de extorsiones y comentó que desconoce las razones por las cuales la obra está parada.