17 de julio de 2013 / 01:08 a.m.

Monterrey.- • A sus escasos años, María José y Tania son un testimonio de vida.

Contra algunas probabilidades por su corta edad, la pequeña de cuatro años fue capaz de dar un poco de su ser, para salvar la de su hermanita, de seis, a través de un trasplante de médula ósea.

Todo salió bien, y la operación salvó la vida de Tania, que hoy es una niña normal con altas expectativas.

"Nosotros ya habíamos perdido la esperanza, bueno, no toda, pero sí estábamos muy preocupados porque no veíamos futuro".

Al ver a Tania Guadalupe, nadie pensaría el calvario por el que pasó: Con su rizada cabellera, tan negra como sus ojos, la pequeña es una muestra de salud. Todo se lo debe a su hermanita María José.

Este fue el primer trasplante de médula ósea que se realiza en el Hospital Regional del ISSSTE en Monterrey. El doctor Juan Manuel Ramírez Torres, quien coordinó el proceso, señala que durante un año estuvieron realizando el protocolo, y aunque María José era la única con compatibilidad del cien por ciento, temían ponerla en riesgo por su corta edad.

El dilema era salvar a una niña con riesgo de otro, pero entonces surgió otra opción. La madre, Norma Beatriz Rodríguez estaba embarazada.

"Y pensamos que el cordón umbilical podría utilizarse para el trasplante, pero lamentablemente, no fue suficientemente compatible con la niña".

Fue cuando se comenzó a trabajar con la opción inicial, dada la compatibilidad que tenían ambas pequeñas, y que es muy difícil de lograr incluso entre hermanos. Prácticamente sólo se ve en caso de gemelos idénticos.

En diciembre se tomó la decisión, y en marzo 5 se realizó la operación. María José siempre estuvo consciente de lo que significaba la donación para su hermanita mayor.

"Es un testimonio de vida, la pequeña siempre supo que de ella dependía la vida de su hermanita, y colaboró enormemente. Pasaba cuatro horas en la máquina, y para una niña de esa edad, soportar tanto tiempo inactiva, es agobiante", explica la química Bertha Montemayor Tamez, quien participó en el proceso.

Las niñas muestran su compatibilidad en todo momento. Siempre, a lo largo de la entrevista, permanecen juntas. Incluso, sin pensarlo, sus manos se entrelazan y en sus miradas es posible descubrir, aunque no descifrar, un código secreto entre ellas.

La operación fue un éxito, y con el paso de las semanas se corroboró, pues la pequeña Tania no ha presentado ningún síntoma de que haya rechazado el trasplante, y se le nota la salud en cada poro de su piel.

Aún sigue bajo tratamiento médico para evitar algún rechazo, pero a estas alturas parece poco posible.

Pero si algo pasara, ahí la hermanita, que aunque callada, se muestra dispuesta a darle otro poquito de vida a su hermana, porque en su plan de vida, está incluido crecer juntas.

FRANCISCO ZÚÑIGA