29 de diciembre de 2013 / 06:22 p.m.

Oaxaca.- Originarios de una de las etnias con más alto grado de pobreza y marginación en el país, el grupo de basquetbol de niños y niñas triquis, demostró a México y el mundo lo que hace el talento y las ganas de triunfar al conquistar duelas y los corazones de miles que este 2013 siguieron su trayectoria.

"Los campeones descalzos de la montaña", como los llamaron cariñosamente por su costumbre de quitarse los tenis al momento de iniciar una justa deportiva, se lanzaron a la fama en marzo de este año tras coronarse como campeones en el Youth Basquetboll of America (YBOA) celebrado en Monterrey.

Ese triunfo, los llevó a competir en el torneo internacional YBOA que se realizó en la ciudad de Orlando, Florida, donde quedaron en segundo sitio, antes de ganar en el IV Festival Mundial de Mini-Baloncesto en Argentina, lo que potenció su fama a nivel internacional.

Derivado del reconocimiento que han inspirado, los niños y niñas triquis han protagonizado múltiples encuentros con personalidades del mundo del deporte, la cultura y el sector gubernamental, dentro de los que se cuenta al presidente de la República, Enrique Peña Nieto, escritores, futbolistas y basquetbolistas de la NBA.

Tan sólo el 3 de diciembre pasado, en un inesperada acción por parte de los Spurs de San Antonio, quienes se encontraban en el país, uno a uno de los jugadores de basquetbol se despojaron de su calzado para jugar "a pie" con los niños triquis, quienes finalmente se llevaron el triunfo en el juego amistoso.

Aun cuando este 2013 ha sido particularmente intenso para este equipo de jóvenes basquetbolistas, Sergio Zúñiga, fundador e impulsor de este programa de basquetbol en la zona triqui, es el ancla que mantiene los pies de los pequeños bien plantados en la tierra.

De gesto sereno y sonrisa discreta, Sergio Zúñiga es el eje rector de los jóvenes jugadores, a quienes recuerda en cada momento el importante papel que éstos juegan al llevar al mundo el orgullo de ser indígena y hablante de una lengua materna.

Aunque en la primer ocasión que visitó una comunidad triqui en 2010, debió dormir a la intemperie y lidiar con la negativa de los padres de familia quienes no creían en el proyecto de una academia de basquetbol, Zúñiga mantiene su principal premisa de hacer del deporte un agente de cambio de un pueblo en desventaja.

Con cada victoria de los niños, la zona triqui, enlutada por décadas por la violencia en la zona, cambia las balas por balones y abre una nueva esperanza para los jóvenes de la región, quienes en breve podrían contar con una academia nacional de baloncesto indígena que dé cabida al talento mexicano, según refiere Zúñiga.

Aunque aún persiste el reto de lograr que los usos y costumbres de la zona triqui permitan a las niñas basquetbolistas salir de su comunidad para foguearse, al igual que los niños, Zúñiga se muestra esperanzado de lograrlo en un futuro no muy lejano.

A esta problemática, se suma la falta de alimento en la zona y una larga lista de carencias que, de acuerdo al entrenador, esperan disminuir paulatinamente de la mano del deporte.

Con propuestas para ser becados en Estados Unidos y ser patrocinados por importantes marcas deportivas, los niños triquis continúan con su carrera en ascenso de la mejor manera en que pueden hacerlo: siendo niños.

Prueba de ello son los cientos de imágenes que circulan de ellos, lo mismo en las justas deportivas, que en los centros de diversión de los lugares que visitan, donde se olvidan de las cámaras, los reporteros y las niñas de las que se esconden cuando les piden un autógrafo.

Han conquistado las duelas, los tableros; son el foco de atención de miles y motivo de reconocimiento de grandes personalidades; son recibidos como artistas de cine en las comunidades de migrantes de Estados Unidos y viven el sueño americano sin pedirlo.

A pesar de las carencias que viven en su comunidad, los niños triquis recorren el continente de la mano de un balón de basquetbol que les recuerda a en cada enceste que no importa no saber jugar con tenis, porque para qué les sirven los pies, si tienen alas para volar.

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