22 de octubre de 2013 / 09:16 p.m.

La vida sigue después de la Fórmula Uno para los pilotos, al menos así lo ve el alemán Timo Glock, quien hasta el año pasado recorría el mundo a los mandos de un monoplaza de la escudería Marussia, una de las integrantes de la parrilla del Gran Circo, pero ahora, en este 2013, cambió ello por un BMW de la serie alemana de autos turismos, DTM, donde este domingo colocó su nombre a la lista de ganadores de una de las categorías más importantes del mundo.

Si bien todos aquellos pilotos que inician en las carreras tienen como objetivo llegar a la Fórmula Uno, quienes han estado ahí como Timo, saben que permanecer en la máxima categoría no siempre depende de talento, y en ocasiones, es mejor desistir y abrir la perspectiva a nuevos caminos, tal como él lo hizo al dejar Marussia, con quienes apenas podía luchar los últimos puestos, y pasar a otra categoría, donde el domingo en Hockenheim subió a lo más alto del podio, seis años después de la última ocasión en que lo hizo el 30 de septiembre de 2007 cuando corría en GP2 Series, la antesala de la Fórmula Uno.

"Fue difícil venir de la Fórmula Uno a estos coches del DTM. Son cosas muy diferentes y necesitas un manejo especial para correr aquí. Es la mejor serie de autos turismo en el mundo. Yo ya conocía a los chicos de BMW porque estuve con ellos en el 2007 cuando también era piloto de pruebas de la escuadra de Fórmula Uno, así que la adaptación fue sencilla", expresó Glock, quien ahora muestra una actitud diferente. Glock es un piloto y persona diferente.

El rostro duro y las entrevistas cortas que otorgaba en el Gran Circo, ahora cambian por sonrisas, por charlas con los medios de más de 10 minutos, por saludos y autógrafos para los fanáticos y tiempo atender a sus seres queridos en el paddock e incluso charlar con la gente. Las restricciones de la Fórmula Uno, donde cada minuto es medido, no existen más para él, y aunque reconoce extrañar manejar los monoplazas más tecnológicamente avanzados del mundo, también considera tener factores positivos en su nuevo trabajo.

"Aquí, en el DTM, solo tenemos 10 carreras, entonces podría decir que es menos presión, pero tienes más actividades en marketing, es una vida ocupada y me mantienen siempre activo, pero es diferente a la Fórmula Uno". Glock fue uno de los competidores que prefirió dejar el glamour de la máxima serie del automovilismo antes que convertirse en un pay driver. Sin embargo, tampoco culpa a los equipos por vender asientos a jóvenes pilotos con una cartera capaz de pagar millones de dólares por una temporada. Más bien, él entiende la situación.

"Fórmula Uno perdió muchos constructores de coches como BMW hace unos años atrás, y eso afectó. Los equipos necesitan sobrevivir porque hay una crisis económica mundial y pocos patrocinios. Los equipos necesitan el dinero y ese viene de algunos pilotos", expresó el germano quien trabajó junto al ingeniero mexicano Juan Pablo Ramírez.

La misma guerra del dinero la ve como un punto que será discusión en la próxima campaña de la Fórmula Uno, y es que, con nuevas reglas aerodinámicas por entrar en vigor, motores de seis cilindros con un costo más elevado que los actuales de ocho, sumados con la crisis económica, son algunos de los factores que él considera mantendrán a los pay drivers.

"No sé si será interesante la Fórmula Uno con las nuevas reglamentaciones. Se deben ver muchos factores, el primero es un paquete de 20 millones por los nuevos motores, y eso es mucho dinero, además se necesita un nuevo paquete aerodinámico. Pienso que será atrayente y competitivo para los equipos grandes, pero para el resto de las escuderías será difícil por todos los gastos que se necesitan para esta nueva era".

Con una sonrisa termina la plática. A diferencia de sus tiempos en la Fórmula Uno no sale corriendo para una nueva junta; camina un poco, saluda a amigos y personas a su alrededor y bebe un poco de agua. El reloj ya no controla su vida como en el paddock de la máxima categoría, en el DTM existe disciplina, aunque también mayor flexibilidad. Timo Glock vuelve a vivir, pero sobre todo, sueña con volver a ganar un título, no como en el Gran Circo, donde esas posibilidades se veían lejanas al militar con Toyota. Las carreras vuelven a ser su vida y pasión y no solo un trabajo.

Luis Ramírez