10 de mayo de 2013 / 03:37 p.m.

Monterrey  • En su hogar hay risas en cada corredor, pasillo y habitación. La paciencia y el candor dominan la relación con suspequeños, a quienes abraza con amor y cariño, pero a la vez reprende cuando se necesita para, como toda madre, enderezar el camino de sus hijos.

Sin embargo, Eloísa no es una madre cualquiera, pues nunca ha cargado en su vientre a un ser vivo, ni dado a luz. Ella administra junto con cuatro religiosas más el orfanato Santa María de Guadalupe, en la colonia Pío X, en Monterrey.

Desde hace 43 años, la madre Eloísa recibe a los pequeños de otras madres, que por situaciones de complicaciones económicas o de no tener dónde cuidarlos, terminan dejándolos en este albergue que los resguarda toda la semana.

La madre Eloísa señala que ellas se encargan del estudio de los pequeños a través de un convenio con una escuela primaria cercana, para recoger a los niños a las cuatro de la tarde y llevarlos a la casa hogar, en donde se les da cuidado, alimentos y enseñanzas básicas; para el viernes por la tarde, esperar a que sus padres pasen por ellos y recibirlos nuevamente los domingos por la tarde.

A lo largo de las décadas, la Casa Hogar ha recibido a cientos de niños, a los cuales la petición es que tengan la problemática económica.

La casa hogar Santa María de Guadalupe alberga a 38 pequeños, mismos que guardan respeto ycariño a la madre Eloísa y al resto de las religiosas.

"A veces los niños llegan mal, violentos, y les toma tiempo adaptarse, porque quieren a sus papás, pero al final son niños felices, niños contentos. Les damos también terapia psicológica para que entiendan que están aquí no porque sus papás no los quieran, sino porque hubo dificultades y que sus papás están luchando por sacarlos adelante", expresa la madre Eloísa, quien agrega que con el paso del tiempo, los pequeños ya no quieren abandonar la Casa Hogar, e incluso ya como adultos han regresado para recordar esa bella postal de la infancia.

Ellas son un ejemplo de madres, y pese a no contar con hijos a través de un vínculo sanguíneo, para estos 38 niños, ellas, al igual que su progenitora, son sus madres.

ISRAEL SANTACRUZ