15 de junio de 2013 / 01:18 a.m.

Todos, menos Uruguay. Y no porque a los charrúas no les guste el fútbol que juega España. Es que sencillamente no está en su ADN.

La "Celeste", dos veces campeona mundial hace más de medio siglo, es muy orgullosa de una tradición de garra, fuerza y amor por la camiseta. Conceptos que pueden sonar algo etéreos, pero que quedan claros al ver a sus futbolistas en la cancha y que se pueden traducir de la siguiente manera: los uruguayos meten la pierna duro, siempre y a todos.

"La diferencia nace con los chicos en los entrenamientos", relató Diego Lugano, el capitán de una selección uruguaya que tuvo un renacimiento a partir de su cuarto lugar en el Mundial de 2010 y que luego ganó la Copa América en 2011, con lo que se clasificó a la Copa Confederaciones que comienza el sábado. "En Uruguay desde los 3 años se les enseña a los chicos a recuperar cada pelota".

"En España aplauden cuando se hacen tres pases", contrastó.

Esa diferencia de estilos quedará plasmada en la cancha el domingo, cuando Uruguay enfrente a España en su primer partido en la Copa Confederaciones.

Los resultados recientes tienden a darle la razón al estilo de juego español, el mismo que prácticamente patentizó el Barcelona en una etapa inigualable de dominio en Europa. España llega a la Confederaciones tras ganar las dos últimas Eurocopas y el Mundial de 2010.

Uruguay, en cambio, ganó su último Mundial en 1950, precisamente en Brasil con el famoso "Maracanazo", mientras que otra potencia sudamericana como Argentina no se campeona del mundo desde la magia de Diego Maradona en 1986. Brasil fue campeón mundial por última vez en 2002.

"Deberíamos recapacitar tanto Uruguay, como Brasil y Argentina, porque España viene ganando todo con ese estilo de juego", contempló Lugano. "Ustedes los brasileños pueden tener la esperanza, nosotros los uruguayos no". Después de todo, es una cuestión de ADN.

AP