14 de abril de 2013 / 03:06 p.m.

Ciudad de México • Después de dos horas y media en las que logró intimar con el público que llenó el Auditorio Nacional, como si fuera una emotiva reunión de amigos; Raphael lucía emocionado, agradecido, feliz ante la repuesta de sus invitados que de pie no paraban de aplaudir, de gritar "Raphael", "Raphael", "Raphael".

Su clásica sonrisa, que iluminaba su rostro, era elocuente, pero el Divo de Linares fue más allá con sus frases, para corresponder al amor y admiración que recibía, tras el derroche de sensibilidad que había entregado en el escenario.

"Bueno, es un milagro y es maravilloso, que después de 52 años siga pasando esto cada noche. De verdad es un milagro y no tengo palabras que decir. Muchas gracias", expresó el cantante casi al término de su actuación, que concluyó al ritmo de "Yo soy aquel".

Las notas del mismo tema habían servido ya para marcar el inicio del encuentro entre el artista y sus fieles seguidores, la mayoría adultos mayores que al igual que el anfitrión disfrutaron de principio a fin el concierto que se desarrolló en 150 minutos.

Delgado, con su peculiar vestimenta, pantalón y camisa negra, bastó que saliera al escenario para que sus invitados se emocionaran y como cantaba en su segundo tema, la cita se convirtiera en su "gran noche".

Acompañado de tan sólo de seis músicos, que hicieron amalgama perfecta con su experiencia para moverse en el escenario y manejar sus tonos con gran maestría, Raphael contó con la espontaneidad del público, que lo mismo lo acompañó en "Despertar al amor", que le reconoció la capacidad al interpretar a capela un segmento de "Provocación".

Corto en sus frases al dirigirse al público, pero esplendido en su arte, en esa forma de interpretar que lo han hecho dueño de un estilo único; el cantante mereció la ovación cuando ofreció "Cuando tú no estás" y “No puedo arrancarte de mí" y salía del escenario al término de cada estrofa, proyectando el dolor que guardaban las letras de sus canciones.

El Raphael provocativo también se hizo presente y para eso se apoyo en el ritmo de "Sexo sentido", así que moviendo las caderas a lo largo del escenario generó que las mujeres, que eran mayoría en la sala, suspiraran más de una vez.

"Maravilloso corazón" siguió en el repertorio y Luis González, quien desde el área de balcón disfrutaba el concierto, fue el que más lo celebro, pues llevaba minutos haciendo la petición al cantante.

El romanticismo se concentró en su versión de "Adoro" y "Nostalgias" para después retomar el tono rítmico y alegre con "Escándalo", en el que su pícara sonrisa era la reacción espontánea a los coros que hacían sus invitados.

"Para volver a volver" dio pie a uno de los momentos más emotivos de la noche, pues alejado del micrófono, el artista demostró que conserva la capacidad de alcanzar grandes tonos y de erizarle la piel a 10 mil personas al mismo tiempo.

Con "Ámame" y "Que sabe nadie" mantuvo la emoción que había provocado entre sus fans, hombres y mujeres de pelo cano que, en algunos casos, se acompañaban de jóvenes que no pudieron escapar a la sensibilidad que esparcía en la sala.

"Como yo te amo" se convirtió en el preámbulo del desenlace y ante la escena que veía el anfitrión cada vez que regresaba al escenario, el público de pie ovacionándolo, expresó “como yo te amo México, te amo, tanto, tanto”.

Sin embargo, el adiós definitivo se dio al ritmo de "Yo soy aquel", con el público de pie y el artista sonriendo de alegría, de la felicidad de haber vivido una gran noche.

ADRIANA JIMÉNEZ RIVERA