GUSTAVO MENDOZA LEMUS
28 de agosto de 2013 / 02:59 p.m.

Monterrey • Para una población cercana a 70 mil habitantes, la muerte de cuatro mil quinientos de ellos "de la noche a la mañana" sería una tragedia.

 

Pero aquel lamentable suceso, producto de las lluvias del 27 y 28 de agosto de 1909, no se debió sólo a un embate de la naturaleza sino que hubo responsables, directamente en la familia de los Reyes y en diversos empresarios de la ciudad.

 

Mario Clío, escritor independiente, trabaja la trama sobre la inundación que hoy cumple 104 años de haberse registrado y que busca publicar en la novela Demonios sueltos.

 

"La muerte de cuatro mil 500 personas no fue un hecho atribuible sólo a la inundación, alguna autoridad debió ser responsable y preguntar por las ‘venidas’ de agua del río. Hubo una negligencia, al menos, por omisión", señala en entrevista.

 

En Demonios sueltos, Clío narra la historia de un aprendiz del arquitecto Alfred Giles, encargado por aquellos años de levantar el Puente San Luisito. El protagonista ve cómo su novia desaparece durante la inundación, y es ahí cuando se cuestiona si realmente la ciudad camina rumbo al progreso.

 

Mario Clío es también autor de títulos como Fragmentos de un avionazo señala directamente a los culpables: a Bernardo Reyes, gobernador del Estado en aquellos años, y a su hijo del mismo nombre por fraccionar el lecho del río y enviar ahí a los migrantes de San Luis Potosí a ese sector.

 

De igual forma cayeron "en omisión" los empresarios Fortunato Villarreal y Gerónimo Dávila, quienes mandaron construir el Puente San Luisito que, durante la inundación, fungió como un “dique” en el río Santa Catarina aumentando con ello el daño.

 

"La primera mala decisión fue construir en una zona donde era parte del río; el terreno se fraccionó en ley, no fueron simples posesionarios. Ahí mandó Bernardo Reyes a la gente que trajo para construir el Palacio de Gobierno", señala el investigador.

 

Por la tarde del 27 de agosto de 1909 las primeras gotas de lluvia caían sobre una ciudad que no llegaba más allá de los panteones de El Carmen.

 

Diez días antes había llovido en la ciudad, ocasionando algunos ligeros daños en viviendas, por lo que las personas no se preocuparon tanto por la nueva tormenta.

 

Pero por la noche y madrugada del 28 de agosto el río Santa Catarina se desbordó. Justo en el cruce con Juárez el caudal llegó hasta la actual calle de Hidalgo, y por el lado de la colonia Independencia el agua se llevó más de 40 manzanas.

 

Por la mañana del día siguiente empezó el recuento de los daños: una ciudad cuyo rostro cambió por completo y donde fallecieron más de cuatro mil personas.

 

"¿Por qué en la inundación de los 30 ya no pasó algo así, o en los 60 con Viula o en los 80 con Gilberto? Porque se respetó el ancho del río, algo que no hicieron en 1909".

 

La novela Demonios sueltos está buscando editorial para que salga la luz, de no darse el apoyo sería editada de manera independiente con la finalidad de ser presentada en la Feria Internacional de Libro de Monterrey a realizarse en el mes de octubre.