27 de noviembre de 2013 / 07:18 p.m.

Monterrey.- Los abuelos del puente, es como han sido identificados los adultos de la tercera edad, que responden al nombre de María Josefa Pérez Meraz, de 80 años de edad, y su esposo Modesto Sotero Jiménez Lara, de 82.

Los conocen así por la sencilla razón de que llevan casi un año viviendo en un antiguo camión, bajo el puente de Gonzalitos y Madero, frente al hospital Universitario.

Ella es originaria de Rodeo, Durango, y él de Querétaro. Se conocieron hace casi medio siglo en San Felipe, Guanajuato, al coincidir como comerciantes en una feria patronal.

Al momento tienen 46 años de casados, y 26 de formal matrimonio, aunque nunca tuvieron hijos.

Entre 1997 y 2005, tras habitar en León, Irapuato y el DF, vivieron en San Rafael de Galeana, donde atendían un puesto de tacos en la carretera 57.

En enero de 2005 llegaron a Monterrey, donde vivía una de sus hermanas en la zona del Topo Chico. Don Modesto enfermó a los pocos días y estuvo en coma por tres meses.

"Venimos a sacar el CURP. Yo tenía una hermana por la calle Bustamante, y ella falleció el 21 de febrero (de 2005) a la 1:00 de la mañana, y a mi esposo le dio el derrame", señaló Dona Josefa.

Desde 2005 acostumbraban pedir caridad a las personas en Gonzalitos y Madero, pero desde enero pasado se instalaron definitivamente en su camión Chevrolet Van Dura 250, modelo 1970.

"Por la misericordia de Él somos muy felices aquí. Las personas de aquí pues nos tratan muy bien. Nos dicen los abuelos del puente", relata la ancianita.

La salud de Don Modesto, quien trabajó incluso como reportero en un periódico de Irapuato, se ha deteriorado en los últimos meses.

Debido a sus problemas requiere un medicamento denominado Akatinol 20 mg Memantina.

Los Abuelos del Puente no pueden pagar 1 mil 300 pesos que cuesta una caja con 28 grageas, una pastilla para cada día.

Por tal motivo hacen el llamado a las instituciones y a los ciudadanos en general para que les tiendan la mano.

"Yo le pido a mi señor Jesucristo que toque sus corazones. Que toque el corazón de las personas y nos ayuden, nos apoyen, que se acuerden que un día van a llegar a la vejez", enfatizó.

Ambos han compartido 46 años de su vida, y esta nunca les regaló siquiera un hijo. Pero no importa, dice ella, porque aun así, nunca les ha faltado nada para alcanzar la plena felicidad.

"Este basan la felicidad en los hijos. Qué bueno. Qué bueno para esas personas que su felicidad son los hijos, pero para nosotros no nos ha hecho falta eso. Nosotros somos felices y nos comprendemos", puntualizó.

Agustín Martínez