15 de diciembre de 2013 / 10:19 p.m.

Salinas Victoria.- Son casi las 10 de la mañana y camiones y más camiones ingresan a las instalaciones de la Séptima Zona Militar, una estampa inusual porque sus pasajeros son decenas de familias del municipio de Apodaca.

Repletos de niños, los camiones se estacionan a un costado del 22 Batallón de Infantería y estos se concentran junto a sus padres en la explanada militar, donde mandos castrenses ya los esperan para dar inicio al tour.

Es el quinto y último del año que se realiza con motivo del 100 aniversario de la institución y que permite a la población en general conocer la intimidad de los hombres de verde olivo, pues el recorrido incluye hasta el área de dormitorios.

No es un domingo cualquiera y así lo asumen las familias privilegiadas que, tras una breve charla, corren hacia los tanques y camionetas estacionadas para que todos se den vuelo tomándose fotografías.

"Nos fueron a ver unos organizadores, que si nos interesaba venir a hacer un paseo, a conocer el campo militar, como familia, ver lo que a veces no vemos…ahorita que está la oportunidad hay que aprovecharla, es algo muy bonito", expresó Joel Sánchez, acompañado de su hija Emily.

Cual si fueran soldados, los niños toman el volante, trepan hasta donde se encuentra la artillería y juegan a ser héroes. El blindaje de las unidades impresiona a los menores y el sentimiento de utilizarlos en el futuro surge de inmediato.

"A mí (lo que más me gustó son) los carros, porque están blindados…las balas no entran cuando les disparan", apuntó un menor.

El siguiente punto del recorrido es el adiestramiento de los perros que, como era de esperarse, captaron la atención de los menores, primero, con las muestras de obediencia, corriendo en una pista de obstáculos y finalmente, detectando droga escondida en una caja.

Los militares a cargo del recorrido explican que son considerados como cualquier otro compañero, lo que provoca que al final de la exhibición un padre y su hijo pregunten si también son despedidos con honores cuando fallecen. "No lo creo", respondió el mando.

La sala de banderas y el lugar de entrenamiento de los militares también forman parte del recorrido, pero es tan sólo el previo de otro punto que los niños disfrutan al máximo: el área de juegos para ellos les brinda la posibilidad de jugar a ser soldados, entrenándose de forma similar.

Con rostros felices, el recorrido concluye casi tres horas después. El lado amable de la institución quedó plasmado en los asistentes que ahora pueden presumir de conocer la otra cara del Ejército.

Luis García