11 de diciembre de 2013 / 01:34 a.m.

Monterrey.- Ser payaso es cosa seria...

Y todo un arte, porque no es fácil arrancarle una carcajada al público, y mantenerlo así por horas y horas.

Un vestuario estrafalario y maquillaje vistoso ayudan. La nariz roja también, pero hay que sazonar todo eso con creatividad, talento, inspiración y mucho trabajo previo, para tener lista una "improvisación" cada vez que se necesita.

“Se requiere mucho trabajo, esfuerzo, preparación, estudios, aunque no hay una escuela formal de payasos, se crean congresos y talleres, porque el payaso tiene que saber drama, comedia, globoflexia, porque cada público pide algo distitno, y hay que darle entonces algo diferente”, dice Yupi.

Integrante de los Payaras, Yupi esconde su verdadero nombre tras el pseudónimo y su rostro tras el maquillaje de payaso. Sólo un mechón semirubio permitiría reconocerlo si acaso se le topa en la calle.

Mingo y D´lisia son sus compañeros. El primero, dice que los payasos deben contar chistes, ocurrencias, saber malabares, hacer figuras de globo, aprender a caerse para que todos rían, música, en fin, prácticamente ser un todólogo.

Ellos se consideran payasos de toda la vida, aunque hasta hace unos años, se atrevieron a vivir para fabricar risas.

“Es algo que debes traerlo pegado en tu corazón, una pasión. Si no lo haces con pasión, tu actuación se ve vacía”, dice Mingo.

D´Lisia tiene menos tiempo que ellos, apenas tres años de que se decidió pintarse el rostro y ser payaso. “Bueno, siempre lo he sido, porque desde chico tu eres el que hace reír a todos, el que payasea por todo, pero es no es lo mismo decidirte a pintarte la cara y subir a un escenario”.

La risa es gratis, y por eso todo mundo cree que es fácil obtenerla, pero cuesta sacrificio, preparación, y sobre todo, ver el oficio como una pasión.

No basta la cara pintada. Tampoco la roja nariz de payaso, que muchos consideran la máscara más pequeña del mundo. Es necesario meterle talento y mucho trabajo.

“Yo creo que esto es uno por ciento de talento y un 99 por ciento de trabajo”, explica Yupi, parafraseando a Thomas Alba Edison. “A veces e bloqueas, pero siempre puedes sacar un “gatillo” para hacer reír. Y eso se logra porque lo tienes preparado”.

Festejan su día

Con sus narices rojas, sus zapatos enormes, y una sonrisa a todo lo ancho del rostro, cientos de payasos tomaron las calles de la ciudad para desfilar y festejar su día.

Risas y más risas, fue el ingrediente que le pusieron a su festejo, que inició muy temprano con el Primer Encuentro Nacional de Payasos, donde compitieron pintándose, haciendo rutinas, diseñando vestuario, y todo eso que es tan peculiar en los payasos.

Y hubo buena competencia, porque cuando los payasos regios salen a otros certámenes, hacen buen papel.

“Hemos ido a competir, y nos hemos traído para acá los primeros lugares, hoy compitieron en acrobacias, rutinas, vestuario  maquillaje, este fue en vivo”, explica Quiubo y Cuan.

Los jueces fueron payasos de otras latitudes, que terminaron con una fiesta de risas en lo que denominaron Clown Town, o pueblo payaso.

Luego salieron a las calles, con sus monociclos, sus enormes  zapatos y sus colores vistosos.

La gente lo veía con extrañeza, pero luego reía de ver cómo hacían sus malabares, sus rutinas y claro, sus payasadas.

En la ciudad se calcula que hay unos 4 mil payasos.

“Se hizo una moda aquí en Monterrey, lo que son los payasos, hay payasos de 15 años, fiestas infantiles, y para todas las edades”.

Y claro, por la noche, tuvieron su ceremonia donde premiaron a los payasos más destacados, pero en esa ceremonia, dejaron las narices, los zapatones y el maquillaje. Ahí, fueron payasos serios.

Francisco Zúñiga