30 de mayo de 2013 / 08:29 p.m.

Rebotado del Real Madrid hace tres temporadas pese a un notable desempeño en su único año en "La Casa Blanca", Pellegrini aterrizó en Málaga con el equipo clasificado antepenúltimo pero atraído por un ambicioso proyecto deportivo que, con el tiempo, sufrió amputaciones considerables pero jamás perdió fuelle en la cancha bajo su dirección.

La montaña rusa engendrada últimamente en los despachos del club andaluz, donde el propietario, el jeque catarí Abdullah Nasser Al-Thani, cerró el grifo económico el pasado junio, acabó por descarrilar al "Ingeniero", que el jueves avanzó su marcha al fútbol inglés esgrimiendo un acuerdo verbal con el poderoso Manchester City; curiosamente, la entidad que quiso emular en su día el Málaga con el rebosante influjo de dinero surgido de Medio Oriente.

De carácter reservado y educado, Pellegrini ha disfrutado diariamente de sus carreras matinales en las playas de la Costa del Sol y se marcha sin aparente rencor pero frustrado por no haber podido completar su gran obra por segunda etapa consecutiva. Tras un excelente ciclo en el Villarreal, donde pasó cinco temporadas, fichó en 2009 por el Madrid y consiguió firmar una de las mejores campañas estadísticas de la historia del club "merengue", con balance final de 96 puntos, aunque huérfana de títulos.

Tuvo la mala fortuna de toparse con el mejor Barcelona de la historia que lideraba el técnico Pep Guardiola, campeón ese curso con tres unidades de ventaja; así como con un sector de la prensa madrileña que jamás le perdonó la sorprendente eliminación en la Copa del Rey frente al modesto Alcorcón y utilizó el patinazo para reclamar el fichaje de José Mourinho.

El desgaste fue notable para el timonel chileno, pero conservó la ilusión en su siguiente ciclo con el Málaga, el más prolijo en cuanto a resultados en la centenaria historia del club, pese a la abrupta interrupción de los éxitos.

Aparentemente claro el próximo destino de Pellegrini en la liga Premier, queda por ver qué pasa ahora con el Málaga, donde no hay dudas de que el "Ingeniero" dejó al equipo mejor de lo que se lo encontró al tomar el relevo del portugués Jesualdo Ferreira.

Tras un primer año de transición, los blanquiazules se reforzaron sustancialmente gracias a la supuesta amplia chequera de Al-Thani y emergieron en su segunda campaña como un plantel apto para plantar cara al Barsa y al Madrid y clasificarse por primera vez en su historia a la Liga de Campeones.

El fútbol de ida y vuelta del equipo malagueño, capaz de hilvanar jugadas ofensivas de primer nivel y con una defensa rocosa con hombres como el brasileño Weligton o el argentino Martín Demichelis, acaparaba elogios; sobre todo entre los que renegaron del carácter huraño del Madrid de Mourinho, pese a su incuestionable efectividad goleadora que le reportó récords de 100 puntos y 121 goles en la pasada liga.

El Málaga forjó una identidad propia bajo la dirección de Pellegrini, más artística que la del Madrid en ataque y tanto o más solvente que la del Barsa en defensa, con futbolistas modernos como Santi Cazorla e Isco Alarcón portando la bandera y, otros con regusto de fútbol añejo, tipo Demichelis, el extremo Joaquín Sánchez o el medio recuperador francés con pinta de pistolero del Oeste, Jeremy Toulalan.

Pero todo se torció entre la segunda y la tercera campaña, cuando Al-Thani retiró su apoyo financiero y se amontonaron las deudas con jugadores y empleados, degenerando en la venta de Cazorla al Arsenal, el venezolano Salomón Rondón al Rubin de Kazán y nuevamente Nacho Monreal al club londinense, este a mitad de curso.

Los impagos provocaron también el castigo de la UEFA de cara a participar en competiciones europeas a la campaña siguiente, decisión recurrida ante el Tribunal de Arbitraje Deportivo y que no impidió que, bajo la inquebrantable propuesta de Pellegrini, especialista en sacar provecho de futbolistas casi olvidados como su compatriota Pedro Morales o el argentino Javier Saviola, el equipo alcanzara los cuartos de final de la Liga de Campeones, cayendo de forma traumática ante el Borussia Dortmund.

El aprecio que le profesan el plantel y afición nunca quedó tan patente como tras el partido por la 31ra fecha contra Osasuna. Era el siguiente a la debacle en territorio alemán y acabó con triunfo local por 1-0 y ovación cerrada de la hinchada después de que Weligton rescatara del túnel de vestuarios al "Ingeniero", quien se sometió a regañadientes al baño de masas. Los homenajes se han sucedido desde entonces, con la distinción de la medalla de oro de la provincia y el más reciente, en forma de glorieta que llevara su nombre a la sombra de La Rosaleda.

"El Málaga tendrá a partir de ahora un futuro distinto y un hincha más. Hasta siempre", espetó tras anunciar su adiós a final de campaña y previo a su último partido en casa, saldado con victoria por 3-1 sobre el Deportivo La Coruña y exhibición de la mencionada pancarta.

La simbiosis entre el técnico, a su vez discípulo declarado de Fernando Riera, y sus pupilos ha posibilitado que el Málaga acabe el campeonato entre el sexto y el séptimo lugar, dependiendo del resultado del próximo sábado en cancha del Barcelona por la última fecha.

Una victoria sobre el tapete del Camp Nou, donde Pellegrini libró tantos partidos de altura en su primera etapa con el Villarreal, se antoja apropiada justicia poética para la despedida del chileno de la liga española.

"Regresé porque el Málaga me ofreció un proyecto con dos aspectos fundamentales: era a largo plazo y era un club que quería crecer", razonaba el "Ingeniero" en 2010 sobre su desembarco en la Costa del Sol, explicando a continuación las diversas etapas a recorrer y ofreciendo, a modo de sentencia, una de las claves de su actual cambio de rumbo: "No me gustan los clubes sin proyecto", avisó.

Ap