30 de enero de 2013 / 04:18 a.m.

Expectativa, fervor, color, típicos condimentos que reúne un clásico, esta vez fueron insuficientes para contagiar a los protagonistas, justamente quienes debieran encender la pasión de los hinchas. River y Boca defraudaron, le quitaron la esperanza a una multitud que tuvo el disgusto de presenciar el peor partido de un verano que brindó aceptables espectáculos. Los penales fueron la única vía para llegar el gol. Celebró Boca, que con el 5-4 acrecentó el mito que construyó Bianchi en sus ciclos pasados. 

Una rápida salida de River, con apenas 45 segundos de partido, invitó a la ilusión. Pero la habilitación de Ponzio a Funes Mori, que ingresando por el sector izquierdo remató desviado, fue de lo poco que ofreció el primer tiempo. La fricción, el roce, el vértigo malentendido empobrecieron el espectáculo, y las cinco tarjetas amarillas que mostró el árbitro Pitana para que el desarrollo no se desmadrara, un reflejo del escaso juego, de las pocas luces de River y de Boca. 

Con la fórmula del éxito, Ramón Díaz repitió la formación que se impuso 2-0 en Mar del Plata, River intentó aprovechar las falencias del rival. Pero la versión, a pesar de enseñar a los mismos intérpretes, no fue la misma: Boca, que modificó a sus 11 jugadores -presentó muchos juveniles-, corrigió los defectos y le quitó, en el inicio, el protagonismo a los millonarios. El secreto de Carlos Bianchi fue controlar las bandas, desde donde River, con velocidad, se hace profundo, punzante, directo. Alan Aguirre y Nicolás Colazo mantuvieron a raya a Vangioni, de muy buena presentación en el derby anterior, y al uruguayo Carlos Sánchez. 

Así, Boca impuso sus condiciones, llevó el partido a un sector en el que se sintió cómodo, aunque careció de audacia y de peso en el área para poner en apuros a Barovero. Ni Blandi ni Viatri fueron abastecidos, más allá de que los xeneizes tuvieron durante más tiempo el balón. River, aun incómodo, se las ingenió para arrancarles un suspiro a sus hinchas: fue con un descalibrado cabezazo de Mora -la concepción de la jugada fue parecida a la que sentenció el clásico en Mar del Plata-, y un remate de Vangioni que controló en dos tiempos Ustari. 

Se movió River, que se oxigenó con los ingresos de Trezeguet, Rojas y Lanzini; siguió sin libreto Boca, que no resolvió su poca presencia en ataque -en la acción de mayor riesgo Vangioni le ahogó el festejo a Erbes, después de que Pol Fernández tuviera dificultades para definir ante Barovero- y, de a poco, se desacomodó atrás. 

Llegó la definición por penales, la fórmula para devolverle la expectativa a la multitud y desatar el festejo del público xeneize.