24 de marzo de 2013 / 03:49 p.m.

Familias rechazan reubicación a Alianza Real aun y cuando vivían en zona federal y en peligro de inundaciones.

 Pesquería • El desalojo del que fueron objeto el pasado viernes por habitar en una zona irregular dejó una serie de inconformidades en familias y la exigencia de que les permitan seguir en los márgenes del río Pesquería, pese al riesgo que pudiera representar.

Cerca de 40 familias que vivían en esta zona de Escobedo se encuentran inconformes debido a que fueron removidos del sitio donde han habitado durante años, justo al lado sur del río y a escasos metros de la carretera a Laredo.

Los argumentos que esgrimen van desde los años que han vivido en esta zona, los trabajos que tienen o las escuelas en las que estudian sus hijos.

En total fueron 70 las familias desalojadas el viernes por funcionarios de Fomerrey, quienes se encargaron de derrumbar los domicilios, mientras que Protección Civil acordonó la zona para evitar riesgos.

Antonio Salinas Ramos asegura que desde hace años labora como carretonero en colonias limítrofes de Escobedo y Apodaca, pero al ser reubicado a Alianza Real, en Monterrey, no podrá laborar en lo mismo.

Por ello, asegura que pese al riesgo que representa vivir a la orilla de un barranco y en terreno federal, rechaza la vivienda de 50 mil pesos que ofrece la administración estatal como apoyo.

Aunado a ello, destaca que sus cuatro hijos estudian en la primaria y secundaria cercanas, por lo que el cambio de escuela será difícil para ellos, por lo cual, insiste, prefiere quedarse.

Su esposa, Sonia Salazar, detalla que la mejor opción es que terrenos cercanos puedan ser utilizados para su reubicación, aunque no son de propiedad municipal ni estatal, por lo que el Gobierno tendría que adquirir primero estos espacios.

“Es que no es justo, nos llevan lejos cuando hemos tenido aquí toda nuestra vida. Y eso de que hay riesgo es mentira, nosotros hemos vivido aquí por años y nunca pasa nada, sólo con el Alex fue cuando estuvimos en riesgo pero nada más”, expone Sonia Salazar, quien se resiste a dejar la propiedad, pese a que el inmueble fue derribado por Protección Civil y acordonada la zona.

Un hombre que transita se detiene a escuchar y le señala que aunque deje lo que fue su vivienda, su nuevo hogar al fin será suyo; “pues sí, pero no gratis, tengo que pagarlo”, reclama la mujer.

ISRAEL SANTACRUZ