2 de mayo de 2013 / 03:27 p.m.

 

Incrédulo, Inés Coronel Barreras no dejaba de maldecir: ""¡chingada madre!"", luego de ser capturado con su hijo por fuerzas especiales. Con el poder que le otorgaba ser suegro del narcotraficante ""más peligroso del mundo"", estaba confiado, seguro de que no lo iban a atrapar…ni sus escoltas alcanzaron a cargar las armas para siquiera intentar evitar el arresto.

Vivía del narco y actuaba como narco, no sabía hacer otra cosa. ""Aun con su ‘estatus’ dentro la estructura del crimen organizado, prefería seguir traficando con marihuana que enviaba a Arizona hasta con ‘burreros’, le gustaba supervisar personalmente el envío de cargamentos"", dicen a MILENIO funcionarios del gabinete de seguridad nacional.

A la captura del padre de Emma Coronel, tercera esposa del capo Joaquín El Chapo Guzmán, antecedieron tres meses de trabajo coordinado de inteligencia del CISEN y de la Secretaría de la Defensa Nacional que cerraron la pinza con informes de la Marina, de la PGR y de la Policía Federal, lo que permitió ubicarlo un día antes de su arresto.

Fue un cuerpo de elite de la PF la que logró sorprenderlo en Agua Prieta, Sonora, en “flagrancia” con su hijo y únicamente tres sicarios que fungían como escoltas cuando preparaban un cargamento de marihuana que iba a ser enviado a Estados Unidos.

De acuerdo con un parte informativo de autoridades federales, la noche del lunes pasado se logró conocer con exactitud la ubicación de Inés Coronel Barreras, después del cruce de reportes de inteligencia que generaron las instituciones de seguridad nacional desde la última semana de enero de 2013.

Autoridades de la PF desplazaron un cuerpo de elite hasta la zona residencial donde a bordo de dos camionetas de lujo llegaron el sospechoso con su hijo Inés Omar Coronel Aispuro y los supuestos escoltas Juan Elías Ruiz Beltrán, José Heriberto Beltrán Cárdenas y Reynaldo Ríos Morales.

La noche del 29 de abril los federales confirmaron la identidad del suegro de El Chapo quien llegó a una de las casas de seguridad que utilizaba y a la bodega donde almacenaba marihuana, donde pernoctaron los sospechosos.Los agentes prefirieron esperar hasta el día siguiente para detenerlos.

Alrededor de las siete de la mañana del martes, los elementos de la PF observaron movimientos en la bodega, parte de los preparativos de un cargamento más que sería enviado a EU.

Se dio la orden de arrestarlos. Ni Inés Coronel Barreras ni sus escoltas lograron reaccionar, es más los sicarios ni siquiera lograron abastecer sus armas con cartuchos.

El único que intentó escapar fue el hijo Inés Omar, quien logró saltar una reja pero fue capturado por los federales. Se les decomisaron armas de fuego y 255 kilos de marihuana en 32 paquetes.

""Únicamente era cuestión de voluntad, de ganas de querer atraparlo, de echarle labores de inteligencia"" (sic), comenta un mando de la PF.

Se le pregunta cómo es posible que un presunto narcotraficante de esa “jerarquía” en el mundo criminal no tuviera más seguridad, que no opusiera resistencia. ""Resistencia claro que hubiera habido, pero aquí la diferencia entre una balacera, entre la vida y la muerte es el trabajo coordinado, basado en inteligencia, estaban acostumbrados a la impunidad"", responde con voz parca.

La incredulidad de Inés Coronel Barreras pasó al ""encabronamiento"". “Chingada madre…puta madre¡”, decía sin insultar ni amenazar a sus captores. No dejaba de mover la cabeza de un lado a otro y de apretar los dientes, para que no escaparan otras maldiciones.

 — IGNACIO ALZAGA