16 de febrero de 2013 / 03:46 a.m.

Monterrey.-   • Un grupo de jubilados del Isssteleon, en su mayoría policías retirados, acudieron al Congreso del Estado para solicitar que se les dé un representante en el Consejo del Organismo, para que los ayude a mejorar sus exiguas condiciones de vida.

Con pensiones que en algunos casos apenas alcanzan un par de cientos de pesos al mes, y en ningún caso los dos millares, los jubilados no lograron su objetivo de entrevistarse con los diputados que forman parte de la Comisión que analiza el caso de Isssteleón.

"Venimos a buscar a los diputados que integran la Comisión de Fomento Económico, que son los que tienen a su cargo todo lo relacionado con Isssteleon, para pedirles nos apoyen para tener un lugar en el Consejo de la Institución", dijo Marco Antonio Rodríguez Zaleta, presidente de la Asociación de los Derechohabientes del Servicio Médico del Gobierno del Estado A.C.

Explicó que los trabajadores del Gobierno estatal jubilados no tienen ni voz, ni voto ni presencia ante el Isssteleon, lo que ha impedido frenar el deterioro en sus pensiones y la calidad del servicio médico que les brindan.

"Queremos tener un representante, por ahora al que tenemos es al tesorero, pero él no deja de ser juez y parte", por lo que el papel que juega no siempre es benéfico para los jubilados.

De hecho, dijo, en los últimos años se ha deteriorado mucho el servicio médico que reciben los jubilados, y que antes era muy bueno.

Los jubilados, la mayoría policías con 30 años de servicios, exhibieron sus recibos de pago, que apenas alcanza poco más de 900 pesos quincenales.

"Pero hay compañeros que están recibiendo cien o ciento cincuenta pesos por quincena, lo que no les sirve ni para sobrevivir", aseguró Rodríguez Zaleta.

Recordó que en el caso de los maestros, por ejemplo, tienen un representante para los activos y otro para los jubilados, en tanto que los trabajadores del gobierno, no son tomados en cuenta.

Los ex trabajadores llegaron de manera pacífica, sin pancartas ni mantas, y se sentaron en las gradas para escuchar las ponencias de los legisladores.

Desgraciadamente para ellos, tuvieron que retirarse como llegaron, pues los únicos legisladores que estaban en el Congreso eran los de la Comisión Permanente, que por lo largo de la sesión, no pudieron atenderlos.

Francisco Zúñiga