10 de febrero de 2013 / 05:21 p.m.

Monterrey.- Con la muerte de los 17 integrantes del grupo local de música colombiana Kombo Kolombia, el movimiento músico cultural que rodea a este mundo de vida ha cambiado radicalmente y ha sido sacudido desde sus cimientos.

Para los especialistas, el común denominador que queda del homicidio de los músicos es, sin lugar a dudas, el estigma y la falta de espacios para los seguidores de este género musical.

Para Gregorio Cruz, estudioso de las culturas juveniles en Monterrey, los muchachos que gustan de este tipo de canciones han sido blanco de discriminación por el sólo hecho de escuchar este tipo de melodías.

“El tema del estigma es una constante cuando se refieren a quienes gustan de la música colombiana, aunque a lo largo de dos décadas se ha venido asimilando a la cultura local, encontró su momento cumbre cuando Celso Piña puso a bailar a la elite de la sociedad, en aquella presentación con García Márquez en Marco. No obstante, tras este suceso no ha pasado nada sobresaliente”, dijo el psicólogo social, especialista en temas juveniles.

Sin embargo, tras los lamentables hechos del 25 de enero es que vuelve el tema a resurgir y con un discurso excluyente hacia aquellos que gustan de la música colombiana.

“Con este hecho el riesgo es que se reabra el estigma de ubicar a lo colombiano como una música ligada a los grupos del crimen organizado, y que con ello, se asimile a los jóvenes que gustan de las cumbias y vallenatos dentro de las acciones de la delincuencia organizada.

“La muerte lamentable de estos jóvenes es parte del estigma mismo del que se tiene de lo colombiano, porque en cierta medida se ha sostenido que este grupo tocaba en lugares de riesgo, y por eso misma razón se cae en supuesto de generalizar que aquellos lugares donde se tocan canciones colombianas sean catalogados como lugares de peligro, y eso es algo que no es cierto, ya que riesgos los hay donde quiera y no donde estén los grupos y seguidores de esta música”.

Cruz sostiene que, más que lamentar el hecho, es importante el reactivar los espacios juveniles a través de acciones concretas de apoyo a la juventud.

“Es importante diseñar políticas públicas donde se abra un espacio para dar cabida a los jóvenes, definitivamente no hay que excluir, sobre todo en el sentido de que estamos hablando de una representación social legítima y con todo derecho de existir en la localidad”, sostuvo el especialista con más de 20 años de trabajar el tema de las identidades juveniles.

De igual manera, Juan Jesús Rivas de la Paz, de la organización juvenil La Banda, sostiene que se corre el riesgo de que se cierren algunos espacios culturales pare este tipo de jóvenes.

“Se pueden cerrar muchos espacios dado que se puede afirmar que todos los que siguen a este grupo o pertenecen a algún grupo colombiano están relacionados con alguna actividad ilícita y eso está equivocado.

“Ya desde antes se calificaba a los jóvenes por su forma de vestir y por las canciones que escuchaban, esto es la costumbre y con este tipo de sucesos esto seguramente se va acentuar más.

“Los espacios se tienen que abrir para que los chavos canalicen sus conocimientos musicales, la identidad musical nada tiene que ver con la delincuencia, no se pueden cerrar los espacios”, dijo.

Para José Juan Olvera, sociólogo con amplia experiencia en el estudio del movimiento regio colombiano, menciono que la muerte de los integrantes del Kombo Kolombia es una especie de colofón de la serie de situaciones adversas que ha sufrido la industria musical regiomontana en los últimos ocho años por parte del crimen organizado.

“En general, la muerte tan lamentable, pero de igual manera de muy poca reacción de las organizaciones desde lo civil, de los integrantes del grupo Kombo Kolombia tiene que ver con una categorización de la música y en el caso de la colombiana viene a ser la ocupa los escaños más bajos y además se relaciona con los escasos nexos de la sociedad civil con esa representación de esta música”, sostuvo el especialista.

La situación en general, que culmina con la muerte de los 17 miembros del Kombo Kolombia, Olvera Gudiño la sintetiza en tres momentos históricos.

“La música ha sido golpeada tres veces: el primer momento es el quiebre que se da con la irrupción de las nuevas tecnologías que ponen en jaque a las industrias de la cultura, donde el crimen organizado tiene un papel protagónico y en caso de Monterrey determinado grupo tenía el control.

“Un segundo elemento lo constituye el ambiente de inseguridad en función de que el crimen organizado vendía la música en esa guerra que se vivió por la guerra del narcotráfico, entre los años 2006 y 2012, cuyos años álgidos hicieron que muchos negocios y antros cerraran o desaparecieran.

“Es en ese contexto que se presenta un golpe en contra de un grupo en particular y que además es portador de una música que ya de por sí ha sido discriminada”.

Sobre la desaparición de las cumbias y vallenatos en los gustos de la gente, en lo particular sostiene es que éste no desaparecerá.

“La música colombiana ha perdurado durante 40 años sin el apoyo de nada y este tipo de música ha resistido mucho y puede resistir mucho”, aseveró.

LORENZO ENCINAS