6 de mayo de 2013 / 02:49 a.m.

Chilpancingo de los Bravo • Vestidos de tigre, con enfrentamientos a fuetazos ambientados por música de Chile frito y la ingesta constante de mezcal, los habitantes de Zitlala realizaron el ritual que aprendieron de sus ancestros para pedir que este año las lluvias sean buenas.

En la periferia de este municipio habitado mayoritariamente por indígenas náhuatl se observan los cerros secos, en tanto que las tierras de labor ya muestran los surcos listos para recibir la semilla que habrá fecundarse con la llegada de las precipitaciones.

Pero como cada año y desde la época prehispánica, los hombres de esta demarcación temen al fantasma de la sequía, pues eso implicaría acrecentar el nivel de marginación que padecen.

Por eso, cada primer domingo de mayo se visten de ropas amarillas o verdes moteadas en color negro, protegen sus cabezas con máscaras de tigre elaboradas con piel de res, se enredan un fuete mojado en mezcal y caminan desde sus barrios para concentrarse en la plaza central, lugar en el que se enfrentan para solicitar la generosidad de Tláloc, el Dios de la lluvia.

El ritual también es utilizado para dirimir las rencillas que ocasionalmente surgen entre los vecinos, por eso, en esta festividad pagano-religiosa la adrenalina se mantiene al máximo desde que se registra el primer golpe de fuete.

Participan tres barrios tradicionales; Cabecera, San Mateo, San Francisco y la comunidad de Tlaltempanapa, en una lucha en que nadie se proclama ganador, solamente se cumple con el ritual para pedir bonanza y se consume la mayor cantidad de mezcal posible.

ROGELIO AGUSTÍN E ISRAEL NAVARRO