1 de marzo de 2013 / 01:40 p.m.

Guadalupe • Un elemento de la Policía de Guadalupe asesinó de un balazo a un joven trabajador, cuando el muchacho regresaba con su primo de cobrar su sueldo en un cajero automático y los uniformados les pidieron que se detuvieran para revisarlos sin motivo aparente.

El crimen fue reportado alrededor de las 22:30 horas en la avenida Acapulco, entre Fidel Velázquez y México, en la colonia Eduardo Caballero, en el citado municipio.

La víctima se llamaba Eduardo Cerda Villarreal, de 18 años, quien vivía en la colonia Mixcoac y trabajaba de ayudante en un taller de soldadura propiedad de la familia.

El joven era acompañado por su primo Santiago Isaías Villarreal Zermeño, de 18 años, testigo principal de los hechos.

Relató el joven que fue con su pariente a un cajero automático, ya que ambos cobrarían su sueldo en un cajero automático.

Indicó que ya traían el dinero por lo que regresaban a su casa caminando, cuando fueron interceptados por la patrulla 127 de la Policía de Guadalupe.

Los uniformados les pidieron que se detuvieran para revisarlos, pero los dos primos se negaron, porque no estaban haciendo nada malo y les dio miedo que los preventivos les fueran a robar su dinero.

Debido a eso corrieron por lo que fueron perseguidos por los policías, pero metros adelante uno de los oficiales descendió de la patrulla, sacó su pistola y le disparó por la espalda a Cerda Villarreal, quien cayó al suelo sin vida, frente a una vulcanizadora.

El otro muchacho logró llegar a su casa diciéndole a la familia lo que había sucedido, pero cuando arribaron al lugar, se encontraron con que Eduardo ya había fallecido, rompiendo en llanto y coraje por los hechos.

Elementos de la Agencia Estatal de Investigaciones comenzaron con las indagatorias, localizando dos casquillos de una pistola nueve milímetros.

Los policías ya se habían ido, pero trascendió que fueron detenidos para su investigación.

Ahora, la familia espera se aplique el peso de la ley sobre los culpables y no se manche el nombre de “Lalo”, como le decían de cariño.

REDACCIÓN