27 de julio de 2013 / 01:59 p.m.

Monterrey • "Y mira con piedad a los secuestrados que sufren la separación violenta de sus familias, de sus hogares y de sus seres queridos"… repiten los asistentes a la misa de las 7:00 en San José de la Montaña, una parroquia en la colonia Topo Chico, en Monterrey; saben la oración de memoria a fuerza de rezarla antes de cada servicio.

Las bancas se van llenando de modo inusual; jóvenes, niños y adultos vestidos de azul toman los asientos de las primeras filas.

Una mujer joven se acerca al altar, coloca una fotografía y un globo azul: es Angélica Campos, madre de Gino Ávila, quien ese jueves 18 de julio cumpliría 19 años, pero que se encuentra desaparecido desde el pasado 9 de julio de 2011.

"y concédeles alivio en sus penas, la paciencia y la fe para que encuentren una luz de esperanza en sus vidas y cuanto antes puedan ser liberados"…

Los amigos también se aparecen en la iglesia, algo más reacios, queriendo aparentar fortaleza; ellos no se han puesto la camiseta azul con la foto de Gino, tampoco se han sentado en las primeras filas, pero allí están, mirando al frente y esperando la entrada del sacerdote.

El párroco Lauro Girón Mateos camina ya por el pasillo y se dirige hacia el altar para iniciar la misa, la cual ofrece por el pronto retorno del jovencito, pero también por el de José Manuel Salas, otra víctima de desaparición forzada.

Angélica Campos participa en la liturgia, le toca la primera lectura y la realiza con algunos tropiezos que compensa con concentración y energía.

Una amiga de Gino canta el salmo "El señor nunca olvida sus promesas" y responden todos con convicción, pidiendo el retorno del familiar, el hermano, el hijo que no está.

El sacerdote lee el Evangelio, un pequeño pasaje de San Mateo, quien citando las enseñanzas de Jesucristo pide al hombre dejar en él todas sus tribulaciones, que "descansen en él".

El sermón es un exhorto a la esperanza, a la paciencia y la fe, pero también es un reconocimiento de que la situación actual es complicada, especialmente en la colonia donde habitan, donde conviven secuestradores y secuestrados.

Pide por los delincuentes para que su corazón se ilumine y recuerden que Dios les llamará a rendir cuentas en el momento final: "Así como le preguntó a Caín: ¿dónde está tu hermano Abel?, así les va a preguntar: ¿dónde está Gino?".

Habla de las familias que sufren extorsiones y cómo la mayoría padecen por un desaparecido, un secuestrado, y viven con una pena en el corazón.

Poco a poco llega el fin de la misa, la madre del joven desaparecido entrega a los participantes un "recuerdito", una foto del joven que porta una gorra de béisbol y sonríe a al cámara haciendo señas con las manos, también una pulsera de listón azul con la inicial "G" en tonos brillantes.

En la escalinata principal del templo, todos se reúnen para la foto, la mayoría trae fotografías de Gino en tamaño cartel y visten de azul.

Poco a poco la calle se despeja y la señora Angélica despide a sus invitados: "Los ministeriales me dicen que Gino no está desaparecido, sino que simplemente no quiere ser encontrado… ¿qué clase de respuesta es esa?, si mi hijo pudiera, estaría con nosotros, festejando sus 19 años".

DANIELA MENDOZA LUNA