16 de enero de 2013 / 02:23 p.m.

Monterrey  Tras el drama vivido la tarde del lunes, los padres de familia de la guardería Tortuga Azul, ubicada en el Barrio Antiguo, analizaron paso a paso los momentos del secuestro virtual de sus hijos y denunciaron los extraños sucesos que rodearon al hecho.

En entrevista telefónica con Milenio Radio, el “señor Chávez” –nombre ficticio-, narró que los supuestos plagiarios de su hija lo tenían monitoreado en todo momento cuando se encontraba afuera de la estancia infantil, donde solo había otros padres y policías municipales de Monterrey.

”Se me hizo todavía más raro que cuando cuelgo la llamada para avisarle al otro papá lo que había pasado, el papá se había alejado 5 metros, y me volvieron a marcar y me dijeron que porque estaba pasando información. Yo no quería pensar mal pero, estaban todos los policías ahí, o sea, alguien de ellos me vio que yo le estaba diciendo al otro padre de familia”

El señor Chávez explicó que en varias ocasiones recibió llamadas a su teléfono celular, ahora sabe que provenientes de un número de un penal en la ciudad de México, para exigirle dinero por la liberación de su hija.

La sospecha de que todo era una estafa inició cuando sus interlocutores cayeron en contradicciones: uno le afirmaba que el dinero lo entregaría personalmente, y otro le ordenó hacer un depósito bancario.

“Llegando ahí me volvieron a marcar, yo me retiré unos cuantos metros de los policías para contestar la llamada. Ellos me empezaron a decir que mi niña tenía un problema, que habían secuestrado a todos los niños y que ocupaban alrededor de 100 mil a 150 mil pesos por cada uno (…) me dijeron: tienes 30 minutos, te voy a volver a marcar otra vez en 10 minutos para ver cuánto me tienes para soltar a tu niña”.

En su trayecto a conseguir dinero, el padre de familia cayó en cuenta que sólo había 3 papás más afuera de la guardería cuando en realidad son casi 40 los niños que asisten a la estancia, además de que conocían por nombre a su hija y esposa.

Al regresar al lugar y percatarse por voz de otra madre afectada que los menores estaban a salvo, crecieron sus sospechas hacia la autoridad.

“Aparte me decía la persona: yo tengo a alguien ahí que me está informando que está lleno de policías, sabía todo lo que estábamos haciendo…que casualidad que yo vuelvo a llegar justamente, cuando yo llegó ahí me cuelgan y no me vuelven a marcar. Cuando me avisaron que mi niña estaba bien, no me volvieron a marcar”, refirió.

La experiencia lo marcó a él y su familia, al grado que solicitó la baja inmediata de su hija y reconoció que el temor por la experiencia lo perseguirá cada vez que deje a su pequeña a la puerta de la escuela.

— LUIS GARCÍA