13 de junio de 2013 / 08:40 p.m.

Los Ángeles • Con una inusual advertencia por riesgo de salud para uno de sus integrantes, Caifanes se presentó en el teatro Nokia de esta ciudad con un exitoso concierto repleto de energía, nostalgia y fans de diversas generaciones.

Al inicio del concierto de más de dos horas y ante más de siete mil asistentes, se leía en las enormes pantallas "Hola LA por favor no uses ni permitas que nadie use flash. Le hace mucho daño a Alejandro Marcovich".

Todavía para reforzar los cambios en preocupaciones por la salud de sus integrantes, Salvador "Sabo" Romo declaró con ironía a medios locales: "Hace dos décadas nos peleábamos por las letras o los arreglos de las canciones, ahora lo hacemos por el tanque de oxígeno".

Sin embargo, ese concierto con más arrugas, más canas y hasta tatuajes removidos de su sitio original, pero más por las arrugas de los músicos, eso se olvidó tras recibir un emotivo tributo de sus fans que de pie disfrutaron, cantaron y bailaron sus canciones todo el concierto.

"Hola raza. Este día se estará impregnando otro tatuaje en nuestra alma por estar de nuevo con ustedes", declaró un emocionado Saúl Hernández en su primera intervención de varias, en donde aderezó con su característica filosofía antes de empezar a entonar algunas de sus canciones.

En otra parte, reconoció a la comunidad inmigrante a la que dijo "día con día están haciendo historia y ahora que se habla de una reforma migratoria sabemos que la auténtica será cuando se les otorgue justicia y respeto".

"Ustedes se han partido el alma. Ningún ser humano es ilegal y aunque no les guste ustedes están y siguen haciendo historia en este país", añadió Hernández, quien se presentó con su característica melena y presencia física.

Desde gran parte del concierto, la banda puso una enorme bandera de México y casi al final la colocó en un pedestal, hasta que más adelante Marcovich con su largo cabello rizado y su tremenda calvicie, emocionado la arrojó al público de la primera fila.

La banda que ha sido considerada pionera del rock en español y que logró sus más importantes éxitos en los 80 se había desintegrado desde hace 18 años por diferencias entre Hernández y Marcovich, pero llevan ya 24 meses en una gira inacabable de reconciliación.

Sin que ninguno mencionara en el escenario sobre esa diferencia, "Sabo" Romo afirmó "ahora estamos maravillados de estar aquí. Gracias a ustedes que han hecho que la banda exista".

"No nos intenten comprar porque ya somos suyos...!", remató Sabo, quien es el único que ha decidido dejar su cabello largo plateado por los años, mientras que el resto ha optado por arroparse en la magia rejuvenecedora de los tintes.

Hernández, quien hace más de una década fue operado de la garganta, se mostró feliz y entregado y no se le escucharon signos de daños en sus cuerdas vocales y al contrario se entregó y sus tonos se mantuvieron y sus éxitos sonaron como si fueran de aquellos tiempos.

En el público, en que el que predominó la comunidad latina, se observaron diversas generaciones de seguidores y hasta un rockerito de dos años llevado por sus padres que bailaba en los pasillos algunos de los temas y se veía que lo disfrutaba en grande.

La piel se enchinaba cuando el auditorio cantaba la mayoría de sus éxitos y a ratos hasta Hernández lo dejaba solo al tiempo que disfrutaba ver esa entrega de sus seguidores.

Entre sus éxitos se escucharon "Mátenme porque me muero", "Nubes", "La célula que explota", "Afuera", "Ayer me dijo un ave", "No dejes que", "Los dioses ocultos" y "Para que no digas que no pienso en ti", entre otras.

La banda antes de terminar con su más grande éxito "La negra Tomasa" se despidió y dejó como fondo "Imagina", de John Lennon, al tiempo que se quedó por un rato más para saludar a los fans, tomarse fotos y dar autógrafos.

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