15 de octubre de 2013 / 12:14 a.m.

Monterrey.- La autopista entre Monterrey y Nuevo Laredo se volvió una prisión para miles de conductores que quedaron atrapados entre tres ríos desbordados y una fenomenal columna de vehículos que fue extendiéndose por más de 20 kilometros.

Una serie de supertormentas originadas en Coahuila desde la noche del domingo transformó en monstruosos torrentes a tres pequeños ramales del Río Salado, en los límites de Nuevo León y Tamaulipas.

La oleada invadió la superficie de rodamiento y atrapó al menos a tres autobuses, cuyos pasajeros que debieron ser rescatados con ayudas de grúas por personal de Protección Civil de Nuevo Laredo.

En tanto, en un tramo de cinco kilómetros, el agua superó en tres veces puntos la carpeta asfáltica y formó sendos cierres que movieron a la desesperación a miles de conductores. ¿cuantos? Habría que preguntar a Caminos y Puentes Federales (Capufe) que, seguramente, tiene el numerito, si consideramos que a pesar de que la emergencia fue declarada a las 6:30 de la mañana, las casetas de Sabinas Hidalgo continuaron dando el paso y cobrando el peaje hacia Laredo.

Esto convirtió la autopista en una gigantesca serpiente de llantas y metal, con sus pasajeros y carga enfrascados en una brutal e inexplicable crisis. Traileros, pasajeros, automovilistas se la pasaron inmoviles, sin poder comer, beber, ir al baño o atender alguna emergencia. Nadie estaba preparado.

Todos confiaban en la relativa seguridad que se ofrece a cambio del pago en una autopista y que hoy enfrentó una contingencia de enormes proporciones.

Oficiales de la Policía Federal Preventiva, Division Caminos, emprendieron un singular operativo carrusel. Varios oficiales a pie se itrodujeron a la ruta inundada para cotejar la profundidad, mientras que tras ellos, a corta distancia, patrullas iban dando el paso a los vehiculos. Maniobras rusticas, pero efectivas, aunque peligrosas también ante la aventual presencia de otra avenida, ya que aguas arriba el cielo negro presagiaba mas tormentas. La inundacion de este lunes hizo recordar el episodio ocurrido el 9 de julio del 2010, muy cerca de ese lugar, cuando un diluvio similar desbordó el río Salado, y provocó la peor inundación de su historia al fronterizo municipio de Anáhuac, apenas nueve dias después que el Huracán Alex causó graves daños a la vialidad de Monterrey.

En aquella ocasión, el tráfico fue retenido antes que los conductores pasaran la autopista en Sabinas, Hidalgo.

A través de su cuenta de Twitter, Capufe anunció a las cuatro de la tarde que la autopista había quedado abierta en sus dos sentidos. Poco menos de ocho horas de incertidumbre de miles de usuarios de la carretera columna vertebral del transporte terrestre en México.

Joel Sampayo Climaco