9 de febrero de 2014 / 06:00 p.m.

PROVIDENCE, Rhode Island.- Jaiven James, de seis meses, ni siquiera se da cuenta de la grabadora de voz que lleva en el bolsillo de su camisa, captando balbuceos, llantos y toda palabra que el bebé escucha.

El niño de Providence participa en un proyecto de la ciudad que aspira a aumentar el lenguaje de menores de bajo ingresos mediante el uso de grabadoras a fin de contar las palabras que escuchan. Los estudios indican que los niños pobres acuden a la escuela habiendo escuchado millones de palabras menos que los menores de mayores medios económicos, una desventaja que puede limitar su futuro éxito educativo y las oportunidades de trabajo.

"Queremos cerrar la brecha y la mejor forma de hacerlo es entrenar a los padres desde el primer día", dijo Stephanie Taveras, una trabajadora social que enseña a la madre de Jaiven, Ashley Cox, sobre cómo aumentar el vocabulario de sus hijos.

El proyecto, llamado Providence Talks (Providence Habla), superó a las propuestas de más de 300 ciudades y obtuvo el año pasado cinco millones de dólares de un incentivo ofrecido por el entonces alcalde de Nueva York Michael Bloomberg. El programa voluntario comenzó el mes pasado con 75 familias y espera ayudar a dos mil familias para mediados del 2016.

La iniciativa está centrada en lo que los especialistas de desarrollo infantil primario llaman la brecha oratoria, un problema con un duradero costo económico y educativo entre los pobres de Estados Unidos. Un estudio de 1995 descubrió que los niños de familias en asistencia social escuchan menos de un tercio de palabras por hora que sus semejantes con mejor posición económica, y llegan a los cuatro años habiendo escuchado 32 millones menos de palabras que los niños de familias acaudaladas. Los estudiantes que comienzan la escuela con esta desventaja tienen menos posibilidades de triunfar académica o profesionalmente más adelante en la vida.

Es un problema con implicaciones a largo plazo en la capital del estado de Rhode Island, donde un tercio de los niños viven en la pobreza y dos tercios ingresan a la escuela de por sí atrasados frente a las normas nacionales de aptitud escolar.

El alcalde de Providence Angel Taveras, sin parentesco con la trabajadora social, dijo que desea que la ciudad demuestre que la brecha verbal puede ser superada ayudando un poco a los padres.

"El alcalde Bloomberg merece un gran crédito por ello. Es una oportunidad para transformar la educación infantil temprana en nuestro país", afirmó el alcalde, que probó el programa en su hija de dos años. Espera que la gente diga "comenzó en Providence".

La grabadora actúa como un podómetro del lenguaje, contando el número de palabras y conversaciones a lo largo del día y distinguiendo las voces de niños y adultos, y sonidos como los de la radio y la televisión. La información de esos aparatos puede demostrar la frecuencia con la que un padre habla con su hijo y el tiempo que permanece encendida la televisión.

Los padres de los niños que participan deben grabar todo un día cada pocas semanas. Un trabajador social recoge entonces los aparatos en los hogares y transmite los resultados a una computadora. El trabajador social regresa para examinar los resultados con los padres y hace sugerencias sobre cómo hablar más con los hijos.

AP.