9 de junio de 2013 / 01:40 p.m.

El éxito de los adolescentes no se mide por los grados académicos, sino por cómo se desenvuelvan en el mundo exterior.

 

Monterrey • Cuando reparar las instalaciones y llevarles ayuda parecía insuficiente para tender la mano a los niños y niñas de las casas hogar en Monterrey, Juan Manuel Porto y sus compañeros de Back to Back concibieron el proyecto Esperanza.

La vida fuera de las instituciones no era nada fácil para los adolescentes que debían egresar, la mayoría con una familia biológica de la que tuvo que separarse por problemas económicos, emocionales e incluso de violencia se veían obligados a regresar al punto de partida, sin estar preparados para ello.

Los pronósticos de éxito, de una integración de la sociedad, eran realmente bajos y, tomando ello como punto de partida, es que comenzaron a manejar el modelo de las familias solidarias.

Así fue como comenzaron a recibir adolescentes que se comprometieran a estudiar, a cumplir las reglas y formar parte de una familia funcional.

"Nosotros empezamos hace 10 años y medio con la idea de poder dar a los jóvenes que estaban en las casas hogares la oportunidad de vivir una vida en familia, donde les pudiéramos ayudar a desarrollar su carácter, de terminar el bachillerato e incluso una carrera", relata y recuerda que recibió su primer joven en tutoría tres semanas antes de que naciera su primer hija.

A la fecha 16 chicos han pasado por la casa de puerta roja con el letrero Faith (Fe en inglés), donde tienen todas las comodidades para desarrollarse en lo académico y emocional. Actualmente son seis chicos, todos estudiando una carrera profesional o un oficio; y uno más culminando la preparatoria.

En la planta baja de la casa está el área común, con un gran comedor, cocina y una sala de televisión, además de las habitaciones de los chavos, equipadas con cuatro camas cada una y baño.

En la parte superior, Juan Manuel y su esposa Rosa habitan con sus tres pequeñas, que conviven con los jóvenes como con cualquier otro integrante de su familia.

Las historias de cada uno de los y las adolescentes que llegan a Back to Back hacen más fácil o más complicada su integración, ya que el éxito no se mide en el grado académico sino en el modo en que pueden desempeñarse en el mundo exterior y su relación con los demás.

"Nosotros tratamos de fungir realmente como una familia, y cuando tú recibes a alguien en tu familia, puede ser muy frustrante ver que el trabajo no está terminado, con muchos de los egresados seguimos teniendo una relación estrecha, es como una familia, uno no pierde contacto cuando acaba la carrera", dice.

Cada año en noviembre, Juan Manuel y Rosa celebran una cena de Acción de Gracias y sus otros hijos acuden a visitarlos, quizá en algunos años, necesiten una casa más grande.

Juan Manuel dice que sus hijas han sido el mejor catalizador para la convivencia y unión de la familia, pues su espontaneidad y confianza en los jóvenes los hace sentirse integrados y al mismo tiempo les enseña a tratar un niño pequeño.

"Recibir a alguien en tu casa y que forme parte de tu familia como familia solidaria es una decisión que tomas y el amor es incondicional, y una vez que vas aprendiendo muchas cosas es emocionante y divertido, ver cómo las cosas se dan de forma natural".

DANIELA MENDOZA LUNA