DPA
18 de mayo de 2013 / 07:30 p.m.

Cannes • Un público completamente entregado y en pie ovacionó en Cannes a Alejandro Jodorowsky. "Bravo", "bravo" se podía escuchar tras el estreno de "La Danza de la realidad", una película sobre su infancia que marca el regreso al cine del artista chileno.

Ya sea porque aplaudían al cineasta o a la reverenciada figura que para muchos es el autor de varios libros e inventor de la "psicomagia", que cuenta con numerosos adeptos, Jodorowsky (Chile, 1929) se sentía emocionado. Lo delataba una enorme sonrisa de felicidad. "Estoy impresionado por la reacción", dijo antes de que una joven incluso se subiese al escenario y se fundiese en un abrazo con él.

"La película se rodó en secreto", contó el cineasta, que ha guardado celosamente el proyecto hasta su estreno hoy en el marco de la Quincena de los Realizadores, una sección paralela dentro del festival francés.

"La danza de la realidad" se centra en la infancia de Jodorowsky en el norte de Chile. Su Tocopilla natal, donde sus padres (judíos ucranianos), regentaban una tienda, es una de las pocas cosas reales en esta película, que el propio director ha definido como "una bomba psicológica"

"LLoré mucho", contó al público el director, que en la película convierte su infancia en una especie de fábula, aderezada con poesía, psicomagia, activismo político y mucha fantasía.

"En el fondo me reconcilié con mi padre", que era muy duro, explicó el cineasta, cuya madre quería ser cantante de ópera y en la película sólo habla cantando, como si de en vez de recitar un texto entonara un aria.

En la película su padre es un ferviente y estricto comunista que se marcha de Tocopilla para matar al dictador que gobierna Chile y su madre una mujer religiosa que apoya con sus poderes especiales a su hijo, discriminado por su religión y su aspecto. El propio director aparece en la cinta siempre en conexión con el niño.

"Realicé a mi padre como ser humano y también realicé a mi madre como cantante de ópera", agregó Jodorowsky, que hacía más de 20 años que no se colocaba detrás de una cámara, aunque está considerado como un director de culto ("El topo", 1970).

En la película además ha implicado a toda su familia, su hijo Brontis es el protagonista, su hijo Adan firma la banda sonora y su esposa, la pintora Pascale Montandon, el vestuario.

Jodorowsky aprovechó además la ocasión para denunciar el nulo apoyo que recibió de las autoridades chilenas en este proyecto.

"Es un filme chileno, sí, pero no representa la industria chilena porque no nos han ayudado. La película es un 50 por ciento francesa, un 25 por ciento mexicana, un 12'5 por ciento de Javier Guerrero, que es medio japonés, y 12,5 por ciento yo, ¿y quién soy yo? Tengo pasaporte francés y chileno y mi cinematografía es mexicana. Yo soy franco-mexicano-chileno. Esto es el futuro, porque en realidad todos somos habitantes de la Tierra. No represento a ningún país sino al alma humana", explicó el director, cuyas palabras fueron recibidas con otro caluroso aplauso.

Jodorowsky lamentó que el cine se haya convertido en una industria. "¿Qué queda para el director? El director es el corazón del filme, es el poeta que crea", agregó Jodorowsky, que reside casi todo el año en París, donde imparte clases de psicomagia y psicogenealogía.

El cineasta contó además que cuando rodó la película se sintió sobrepasado. "No es que realicé la película sino que la recibí. El cine debe ser recibido y por eso los actores hacen cosas que nosotros no nos atrevemos a hacer, porque es el descubrimiento del amor", concluyó Jodorowsky, a quien la Quincena de los Realizadores también se rinde hoy un homenaje con el "Jodorowsky's Dune".

Se trata de un documental de Frank Pavich sobre los intentos en 1975 de Jodorowsky de llevar al cine la novela de ciencia ficción "Dune", de Frank Herberts, que finalmente no llegó a rodarse pero para la que el artista contaba con la colaboración de cineastas, músicos o pintores como Orson Welles, Mick Jagger, David Carradine o Salvador Dalí. Además Pink Floyd se iba a encargar de la banda sonora.

Este ha es un buen año para el cine chileno, una industria pequeña pero potente, tras hacer llegar al certamen francés tres producciones. A la de Jodorowsky se suma "Magic Magic", de Sebastián Silva, y "El verano de los peces voladores", el primer largo de ficción de la documentalista Marcela Said.