VERÓNICA MAZA BUSTAMANTE
26 de abril de 2013 / 01:30 a.m.

Ciudad de México • El músico uruguayo está en México para ofrecer una serie de conciertos y presentar "N", una aplicación para teléfonos móviles y tabletas con canciones combinatorias de su creación que pueden ser modificadas por el oyente para generar infinitas posibilidades

Jorge Drexler no se ha dormido en sus laureles. Después de ganar un premio Oscar por Mejor Canción Original y con 13 discos en su haber, ha seguido innovando, buscando dar salida a su creatividad, a su curiosidad.

Su nuevo proyecto es N, una aplicación para celulares y tabletas de descarga gratuita, con la que el escucha puede elegir entre diversas estrofas de una misma canción para irlas combinando. Además, es posible que elija musicalmente entre una versión acústica y una orquestada. El resultado final se puede guardar para ser reproducido de nuevo, borrarse o compartirse en la red.

Mañana viernes se presentará en el Teatro Metropólitan del DF para después trasladarse a Guadalajara y Puebla, donde también ofrecerá conciertos.

En exclusiva, habló para MILENIO sobre las virtudes de su aplicación.

Jorge, ¿te parece que las aplicaciones son, como diría Aldous Huxley, puertas abiertas a una percepción diferente de la realidad, en donde caben complejidades de todo tipo, incluyendo el caos?

Nunca lo había pensado de esa manera, pero sí, las canciones de mi aplicación están hechas para navegar el caos, la complejidad. Como dice el sociólogo y filósofo Zygmunt Bauman, estamos y vivimos en un mundo líquido sin certezas, en el que todo cambia a una velocidad tan grande que ya no puede cristalizarse en un estado sólido. Las canciones de N están diseñadas para el movimiento. Me preguntan si no me importa que la gente “toque” las canciones, que les metan mano. Pero están hechas para eso. Estoy muy orgulloso de haber diseñado una canción que sobrevive al manotazo y al caos. Son canciones que no han nacido con el formato de CD. Por ahora he dicho que no quiero pasarlas a disco, porque sería como congelarlas y detener su proceso. Su vida está en el movimiento.

¿Qué tanto amplió tu entendimiento de la música esta posibilidad?

Muchísimo. Las canciones combinatorias tienen una característica estructural con la que nunca me había topado. Tienes que empezar a pensar una melodía no solo en función del lugar que ocupa ella sino cómo reaccionaria con los diferentes cambios y lugares que va a ocupar dentro de la canción. Tienes que pensar tridimensionalmente. Es aprender a escribir con variables móviles en vez de variables fijas. Escribes una melodía y piensas que está bien ahí, pero tienes que hacer que funcione bien en todos los sectores. Fue muy difícil, me dio mucho trabajo, sobre todo que no solo fuera un ejercicio matemático y de forma, porque lo bonito de la forma es trascenderla. El fin de la tecnología es ir más allá, que la forma sea un medio. La métrica en la poesía también es una liberación. Hay quien dice que te aprisiona, pero te da la fe en el acto creativo, en la vida, en pensar que a pesar de la restricción tú saltas por encima de ella. Al comprimir, cuando más me limito, como dice Stravinski, es cuando más me libero. Los límites son muy buenos amigos de la creatividad.

¿Has logrado percibir como escucha tu aplicación?

Sí, la primera vez que me la entregaron un iPad y la abrí. Fue una experiencia de empoderamiento, porque estamos habituados a entrar en una canción como escuchas activos, porque la canción está llena de significados para cada uno, pero eso cambia cuando se abre la puerta, cuando tocamos la pantalla. Ese es el punto de fuga de este proyecto. No es un algoritmo, es la sensación que tiene una persona cuando mueve un círculo virtual y ve que eso que ha elegido suena. Esa sensación de poder estar construyendo el destino de la canción en el momento produce algo que es muy nuevo, porque uno no está habituado a tener las riendas de una canción mientras está sonando. Es como quien aprende a andar en bicicleta de golpe, que de pronto se suelta y lo puede hacer solo.

A nivel de composición de la letra, la primera canción de N, “Habitación 316” tiene como escenario un cuarto de hotel, donde existen una infinidad de posibilidades. Es como la vida o el destino: tienes que averiguar qué pasaría si abres la puerta del cuarto y qué pasaría si no lo haces.

Exacto. Cada opción de texto es un portal que abres o que cierras. Vas eligiendo caminos que se van bifurcando. Quería que el proyecto se llamara El jardín de las canciones que se bifurcan, porque al elegir abrir una puerta eliges cerrar todas las demás. Es un ejercicio de poder muy grande. Estas decidiendo el destino de una historia.

¿Qué verán los que asistan en tu concierto y qué encontrarán de N?

N es difícil de llevar en vivo. Lo voy a intentar aquí, en México. No sabemos cómo, tal vez subiendo a alguien y que lo mueve mientras yo lo canto, pero es una experiencia muy íntima, difícil de hacerlo en un concierto. Hay lugares en donde los teléfonos y los tablets no tienen nada qué aportar. Lo voy a probar en el Metropólitan. Pero el resto será un concierto habitual, con muchas de mis canciones.