7 de febrero de 2013 / 02:26 p.m.

El invierno más crudo y largo de Villa Ahumada descendió sobre el desierto hace cuatro años con una sorpresiva nevada que cubrió de blanco el paisaje de Chihuahua. Era el 9 de febrero de 2009 y por todo México se daban a conocer imágenes de soldados caminando en medio de una ventisca, contando cadáveres esparcidos entre el chaparral congelado. Con sus uniformes de camuflaje amarillo-desértico, se les veía terriblemente fuera de lugar, pertenecientes a otro país y momento.

"“Fue una época de muy mala suerte. Una muy mala racha que culminó con el evento”", asegura Miguel Magdaleno, secretario del ayuntamiento. El hecho al que se refiere es a la primera masacre del sexenio de Felipe Calderón, en la que fallecieron 21 personas —entre sicarios, soldados y rehenes— tras un enfrentamiento que duró varias horas. Un choque que entonces fue el primero de su tipo por la violencia y el elevadísimo número de víctimas, además de haberse producido en un pueblo pequeño y tranquilo, quizá hasta inocente, ubicado a medio camino entre Juárez y Chihuahua.

Las matanzas serían después rutinarias en buena parte del estado y, sobre todo, unos kilómetros al norte, en Juárez. Pero para Villa Ahumada lo ocurrido era un hecho inédito. Su tasa de homicidio fue por años cercana a cero. De 2003 a 2007, según datos del INEGI, registró ocho asesinatos contra mil 98 de Juárez y 352 de Chihuahua. Pero en un día acumuló tantos homicidios como en los 25 años previos.

A raíz de la masacre cayó sobre el municipio lo que a sus habitantes pareció un mal fado. Una tormenta perfecta: casi al mismo tiempo que la maquiladora de bobinas que por década y media había sostenido al pueblo se mudó a China —llevándose mil 600 empleos de golpe—, se presentó una drástica caída en el turismo, que se secó de la noche a la mañana.

Los visitantes de Estados Unidos, ya escasos por la violencia en Ciudad Juárez, dejaron de acudir casi por completo a los famosos asaderos de burritos y quesadillas de la ciudad, de los que depende parte de la economía local. El desempleo, según cálculos de Magdaleno, llegó a rondar 60 por ciento.

Aunque no queda claro si se debió a la violencia o a la economía, un número indeterminado de familias simplemente dejaron la ciudad tras la masacre. Pocos se sorprendieron cuando el Censo de 2010 reveló que desde 2000 Villa Ahumada había perdido 444 habitantes o casi 25 por ciento de su población.

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Aun a cuatro años de distancia, el secretario del ayuntamiento rechaza referirse a la masacre de forma directa. Le llama “evento” o “incidente”. E insiste en señalar que no ocurrió, propiamente, en el municipio, sino en el rancho El Vergel y en Samalayuca, que pertenecen a los confines de Juárez.

“"Fue algo terrible, nos hizo tener muy mala fama. Y ni siquiera ocurrió aquí en los límites del pueblo"”, lamenta Magdaleno. Lo que sí ocurrió en Villa Ahumada fueron los hechos que, a la postre, llevarían a la masacre: la madrugada del 10 de febrero, por espacio de varias horas, un comando tomó el pueblo y se dedicó a levantar personas, aparentemente al azar.

Los rehenes fueron llevados a El Vergel, donde varios fueron ejecutados; otros ya iban muertos. "“Vi los cuerpos desde que me subieron a la camioneta"”, recuerda O, uno de los tres sobrevivientes.

O no ha abandonado Villa Ahumada. Junto con C, otro compañero de cautiverio, ha insistido en quedarse en el pueblo. “"Para mí no fue tan difícil recuperarme. Las que sufrieron mucho fueron mi esposa y mi hija, que se despertaban gritando en la noche"", recuerda este carpintero, a quien le tocó vivir, en primera fila, el primer enfrentamiento del Ejército y el crimen organizado del sexenio anterior.

Cuatro años después es posible reconstruir lo sucedido gracias a su memoria. "“Los sicarios se toparon con un soldado y lo mataron. Fue cuando salieron más militares del cerro. Yo estaba con C y M (otro sobreviviente) en el suelo, esposado. Dicen que todo duró una hora, pero siento que pasó muy poco tiempo”".

Comenzaron a sobrevolar los helicópteros. "“Los soldados eran como máquinas. Están muy preparados. Fueron acabando uno a uno con los sicarios, que nada más disparaban sin medirle. Después de un rato, nada más se escuchaban unos tiros. Y luego nada”".

Los tres sobrevivientes, que yacían prácticamente desnudos en medio de la zona de fuego, fueron rescatados por unidades de las Fuerzas Especiales. Tras pasar algún tiempo en el exilio, C y O regresaron a la ciudad. De M nadie sabe nada hace tiempo.

O dice que hace rato perdió contacto con los sobrevivientes con quienes compartió la madrugada nevada de febrero. "“No tenemos más que decirnos"”, considera.

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Ha tomado tiempo a Villa Ahumada recuperarse. Pero las primeras señales de una primavera comienzan a notarse: los asaderos registran actividad y esta temporada invernal, por primera vez en varios años, turistas provenientes de El Paso se aventuraron a venir para comprar quesos. La empresa Lear, que elabora vestiduras para automóviles de lujo, abrió en 2009 una planta que ahora emplea a 600 personas.

Otra muestra es la comandancia de la policía local. La última vez que la oficina estuvo ocupada fue en mayo de 2008, antes de que un comando asesinara al titular de Seguridad Pública y a tres agentes, lo que generó la renuncia en masa del resto de compañeros. Hoy una nueva camada ha sido contratada.

De no haber tenido un solo agente en cinco años, Villa Ahumada cuenta con un embrión de Departamento de Policía: 20 agentes fueron entrenados en la academia de Chihuahua y han comenzado a patrullar calles del municipio, tarea que había recaído desde 2008 en la Federación y el estado.

""Aquí se vive tranquilo. Lo peor ya pasó"", sostiene, un tanto optimista, el comandante Fernando Vázquez, quien encabeza la seguridad del municipio más grande de Chihuahua. “"Nosotros estamos trabajando, porque con suerte en unos 20 días nos dejan tener armas de cargo"”.

—¿No tienen armas?

—El Ejército aún no nos deja. Pero ya pronto.

— VÍCTOR HUGO MICHEL