15 de octubre de 2013 / 03:24 p.m.

Chavela Vargas se ha ido pero su luz "jala" de quienes la conocieron, por eso, Martirio no ha tenido "otro remedio" que prestarle su nuevo disco, "De un mundo raro", que sale hoy, para tejer con diez de sus canciones un jorongo "a compás", de bulería a zambra, y hacerse con él un sayo de "cante".

"Hace un año -Vargas falleció el 5 de agosto de 2012- empecé a preparar el disco con mi hijo Raúl y quería canciones de mujeres que me han influido pero cada vez que llegaba a una de Chavela se me erizaba el vello, así que nos miramos y nos dijimos 'tiene que estar dedicado a ella'", relata en una entrevista con Efe la cantante.

La forma de cantar de "la chamana", dice, "limpiaba el corazón de quien la escuchaba, porque perdonaba todos los rencores y calmaba el desamor", asegura Martirio, nacida como Isabel Quiñones en 1954 y todo un "icono" popular desde que en 1985 decidiera ponerse la peineta y las gafas oscuras para proclamar que se había "acabao" la rutina en su vida.

Para su homenaje a Vargas, a la que conoció en el mítico concierto de la Sala Caracol de Madrid, en 1993, y con la que congenió desde "el minuto cero", ha elegido "La llorona", "En un mundo raro", "El andariego", "La noche de mi amor", "Las ciudades", "Sombras", "Quisiera amarte menos", "La sandunga" y "Las simples cosas".

"La selección salió muy naturalmente; los temas se descartaban unos a otros y yo creo que, al final, hay una unidad de concepto en la temática y línea. Además, se trataba también o, sobre todo, de que se pudieran trasladar al flamenco y que tuvieran que ver conmigo", detalla.

La que más le estremece es "Sombras" -"cuando tú te hayas ido, me envolverán las sombras"- porque, precisa, esta grabada de una forma "en la que se palpa la desolación que la acompaña. Cualquiera que tenga un momento difícil la escucha y se siente confortado".

Sin embargo, la que más le ha costado cantar es "La llorona" -"el que no sabe de amores, llorona, no sabe lo qué es martirio"- porque es "absolutamente ella; es la canción que interpretaba con la luz apagada porque su alma no podía estar ya más expuesta".

Las que firma José Alfredo Jiménez, "Las ciudades" y "En un mundo raro", contienen "una vida entera" y las otras auténticas "obras de arte". "El disco -resume- es una tarta; un dulce entero y verdadero".

Su hijo, Raúl Rodríguez, (Sevilla, 1974), que ya había colaborado con ella en otras ocasiones, es el productor y encargado de los arreglos del disco, metido por "cante" porque "pega" y porque Chavela era "una flamenca de intuición", dicen.

Así "El andariego" son bulerías, como "La sandunga", "Las simples cosas", por zambra, "Sombras", por soleá, "La llorona" por soleá y "seguiriya", "En un mundo raro", por alegría y "La noche de mi amor", por granadina.

"Lo que he querido hacer -explica Rodríguez- es una traducción de sus temas al cante y en ese sentido como guitarrista he tratado que la guitarra tuviera un punto de encuentro con la guitarra mexicana de sus 'macorinos', encontrar un punto común entre ambas tanto en sonido como en repertorio".

Coincide con su madre en que "Sombras" es el más elaborado, el que mejor ha respondido a la "conversión flamenca" porque el suyo es "el territorio de la soledad, el de la casa vacía, el que dominan los recuerdos y los fantasmas".

En ese tema se produce "un encuentro musical muy feliz con el compás de la soleá y su estética, en el que se incorporan esos giros que ella hacía y que dejaba la voz en suspenso para luego retomarla.

Su aspiración "máxima" es que algunos de los "trocitos" de las letras se queden en el repertorio del flamenco y se queden, ya por siempre, en el repertorio "como si fuera cante popular".

Martirio y Raúl Rodríguez fueron dos de los artistas que tuvieron el privilegio de estar en el último concierto de Vargas, el que ofreció en Madrid en la Residencia de Estudiantes, a la que había acudido para despedirse de "su" Federico García Lorca, el 11 de julio del año pasado.

"Fue súper especial. Allí pude ver su valor, vocación, ganas y fuerza. Todo el mundo sabía que era su último concierto pero ella se empeñó y lo hizo con la dignidad, valentía y libertad que llevó en un corazón siempre dispuesto a perdonar", asegura Martirio, sabedora de que en esta vida "no hay nada que enganche más que el rencor".

EFE