7 de abril de 2013 / 03:59 a.m.

Monterrey.- • Luego de perder una pierna por la diabetes, Andrés Galván Miranda perdió todo, sin haberlo imaginado antes: su familia lo arrojó de la casa que compartía con ellos y, al mismo tiempo, se quedó sin centro de trabajo, sin un lugar donde vivir, ni una familia que lo apoye en ese trance tan difícil.

Ahora, vive donde puede, aunque en los últimos días una hermana le dio asilo, al ver las condiciones en que se encuentra.

Galván Miranda tiene 60 años de edad. El pasado 2 de marzo lo operaron para amputarle el pie derecho y permaneció un par de semanas en el hospital, tras lo cual volvió a su hogar, en J.J. Herrera 1825, en la colonia Rubén Jaramillo, de Monterrey.

"La señora fue al hospital y me dijo que ya no quería que regresara y, cuando volví, ya no me dejó entrar". Ahí, al llegar, encontró que ya no lo querían.

Le dejaron afuera sus cosas y no le permitieron entrar a su taller de mecánica eléctrica, que era con lo que se mantenía y le daba de comer a sus hijos y a su esposa, Juana María Rodríguez Ortiz.

El afectado desconoce qué tipo de autoridad es la que puede intervenir, pues él todo lo que quiere es llegar a un arreglo.

Su casa la compraron entre los dos, pues están casados con bienes mancomunados, pero ella se niega a dejarlo acercarse.

"Yo tengo ahí mi taller, de ahí los he mantenido a mis cuatro hijos y a ella, pero ahora no me permite que vaya. Me dijo que podría trabajar, pero sin entrar al baño".

El problema es que ahora se le dificulta viajar en camión y la casa de su hermana queda lejos.

Tenía una camioneta, que al regresar supo que la habían vendido para poder pagar unas deudas.

 FRANCISCO ZÚÑIGA ESQUIVEL