10 de enero de 2013 / 07:01 p.m.

Apodaca • Veinticuatro mil piezas colocadas y cuarenta y cinco días de trabajo hablan por sí mismos. Jorge se mueve nervioso y saluda a los presentes. José, Benjamín y Elliot miran al resto de la comitiva que llegó para aplaudirlos.

"Los felicito muchachos, hoy hicieron historia porque lograron finalizar el rompecabezas más grande que se haya intentado armar en cualquier cárcel de mundo. Vamos al Guinness", sube la voz emocionado Gabriel Ordaz, coordinador de la organización Por la Paz y responsable de numerosos programas de apoyo para miles de presos de las cárceles del Estado.

En el ambulatorio Alfa del Cereso de Apodaca la alegría es difícil de describir. No es un lugar donde sobren las risas ni tampoco los rostros blandos.

Cerca de allí fueron asesinados y luego calcinados veinticuatro convictos en mayo de 2011 y a escasos doscientos metros está el patio donde cuarenta y cuatro presos fueron ejecutados a principios del 2012.

"Sonrían, aunque sea para la foto", bromea una voluntaria.

Pasan los minutos y la imagen que certifica la tarea concluida los infla de un orgullo que parecía olvidado.

"Es muy importante para nosotros. A mí, al menos, me agarró en un momento que estaba muy mal y armando las piezas me fui distrayendo y aprendí a trabajar con el resto", se anima Jorge.

Que hayan elegido a Jorge y a sus otros trece compañeros no fue casual. Ellos forman parte del pequeño grupo que cumple con un estricto período de rehabilitación en la Clínica; área ubicada dentro del ambulatorio Alfa, donde los convictos adictos a diferentes drogas tienen la posibilidad de limpiarse y volver a insertarse en la población carcelaria con nuevas esperanzas.

"Y por eso la importancia del rompecabezas. Los ayuda a ser perseverantes y luchar contra sí mismos. Al igual que ganarle a la droga, cuando empezaron con este megaproyecto pocos imaginaban que lo iban a finalizar.

"Tenían ganas de abandonar (siete lo hicieron) y entre ellos mismos aprendieron a darse fuerza", detalla Ordaz.

REACCIÓN ANTE LA VIOLENCIA

Hace más de dos años que surgió la idea luego de varios episodios violentos en el tutelar de menores.

"Creímos que este proyecto exaltaría muchas capacidades que los presos necesitan y comenzamos a buscar rompecabezas. Primero de mil, dos mil y luego dimos con una gran caja de 24 mil piezas que se nos hizo ideal", explica Consuelo Bañuelos, directora de Por la Paz.

Según la activista, ante la imposibilidad de su realización en el tutelar de menores fue el Cereso de Apodaca quien reunió las condiciones óptimas.

"Lo primero fue establecer la metodología y por eso dividimos a cuatro grupos que debían hacerse responsables por seis mil piezas cada uno. Separaron por colores y otras señas que los ayudase al armado y comenzaron la tarea".

La imagen ya finalizada quedó momentáneamente encuadrada en un rústico marco de madera. Tiene más de cuatro metros cuadrados y representa la combinación de lo fantasioso con lo actual. Mezcla el mundo submarino con diferentes perspectivas sobre la superficie y el mensaje total parecería englobar los testimonios que siguen entregando los presos.

"Estoy feliz por participar de un proyecto de estas características y además demuestra que estos chavos quieren salir adelante. De miles de piezas formaron una sola y de una veintena de voluntarios se formó un bloque solidario y perseverante", dice José Martínez González mientras reúne los detalles para elaborar el acta que será presentada posteriormente para ser avalada por el libro Guinness de los records 2013.

Con los aplausos de fondo el ambulatorio Alfa se despide con el ambiente más festivo del Cereso. El director del penal clausura la ceremonia y todos juegan con bromas que horas antes parecían extrañas.

"Queremos que este rompecabezas sea colgado en alguno de los edificios públicos. No todo está podrido en las cárceles estatales y nuestros políticos deben entender que esta es la mejor muestra de que los presos pueden ser constantes y mejorar", dice Ordaz al despedirse.

Santiago Fourcade