29 de julio de 2013 / 06:16 p.m.

El día dedicado a la entrada de nuevos miembros al Salón de la Fama del béisbol de las Grandes Ligas no tuvo este año el colorido ni la concurrencia de otros años, pero si el reconocimiento completo a tres grandes pioneros y el rechazo a todo lo relacionado con el dopaje.

La lluvia no quiso colaborar con la tradicional jornada que se celebró en el recinto del Salón de la Fama, que se encuentra en Cooperstwon (Nueva York), y en medio de un día nublado y lluvioso, el ánimo de los familiares de tres pioneros que fueron ingresados de manera póstuma, dio vida al acto y también a la pureza original del deporte del béisbol.

El recinto sagrado del béisbol rindió homenaje a Jacob Rupert Jr., Hank O'Day y James "Deacon" White, fallecidos hace más de siete décadas, como nuevos miembros de Salón de la Fama.

"Éste es un día que recordaremos por el resto de nuestras vidas", señaló Jerry Watkins, bisnieto de White y uno de los 50 parientes de los homenajeados que asistieron a la ceremonia. "Mi mente me dice que la única forma en que esto pudo ser mejor es si mi papa estuviera aquí para verlo, dado que era su gran deseo".

White, quien jugaba como receptor sin manopla, fue uno de los primeros astros de las mayores después de convertirse en el primer bateador en el primer juego profesional, el 4 de mayo de 1871, y conectó un doblete.

Ruppert nació en Manhattan, en 1867, y se desempeñó durante cuatro periodos en el Congreso, de 1899 a 1907. Interesado en el béisbol desde niño, Ruppert compró los Yanquis antes de la campaña de 1915, por 480.000 dólares, y luego transformó a un equipo intrascendente en una potencia de la Liga Americana.

Contrató a Miller Huggins como piloto, a Ed Barrow como gerente general y a Babe Ruth en la famosa operación de 1919 con los Medias Rojas de Boston, que cambió la historia del béisbol.

Además fue el responsable de la construcción del Yankee Stadium, en 1923.

O' Day nació en el área rural de Chicago en 1859, jugó pelota desde niño y trabajó arreglando calderas, además de ser lanzador para diversos equipos locales.

Se convirtió en profesional en 1884, pero tuvo que retirarse después de siete años debido a lesiones en su brazo y en 1895 fue contratado como umpire debido a su eficiencia.

Por apenas segunda vez en 42 años, los escritores de béisbol no eligieron a nadie al Salón de la Fama, con lo que enviaron el mensaje claro de que las estrellas de la era de los esteroides -entre los que están Barry Bonds, el dominicano Sammy Sosa y Roger Clemens, quien recibió muy pocos votos en su primer año de elegibilidad- serán juzgadas con criterios más estrictos.

De hecho no se espera que ninguno de ellos pueda llegar al Salón de la Fama y más tras seguir conociéndose nuevos casos de dopaje que afectan gravemente a la imagen del deporte del béisbol.

EFE