14 de junio de 2013 / 02:31 p.m.

Con alegría y nostalgia, el ex técnico Daniel Alberto Pasarella abrió su corazón para recordar el campeonato que consiguió con los Rayados hace 10 años.

Desde la comodidad de su oficina en Buenos Aires, hoy en día como Presidente del club River Plate de Argentina, Passarella regresó el tiempo una década y recordó, como si fuera ayer, todos los detalles de aquel logro del Monterrey que él dirigió.

"De la gente de Monterrey tengo un recuerdo maravilloso y sé que ellos también tienen un gran recuerdo mío, los quiero mucho, realmente me trataron espectacularmente bien, la pase de primera, inolvidable. Voy a volver", promete tras los planes de su equipo el River de sostener partidos de pretemporada en México.

Después de seis meses de conocer el futbol mexicano, Passarella y la directiva formaron un trabuco, tanto que para el ex estratega argentino luego de las primeras cinco jornadas ya tenían el nivel para pelear por el título.

"Me dijeron que los primeros seis meses mirara. Me encontré jugadores individualistas que no jugaban en equipo. Yo prefería otro tipo de jugadores.

"En los primeros tres partidos del torneo del campeonato llegamos a un nivel para ya jugar las finales. En México es difícil ser campeón porque cuando llegas a los playoffs finales es difícil.

“Nosotros no ganamos ningún partido de suerte, todos los partidos los ganamos bien y jugando bien", recuerda.

Pasarella detalló línea por línea del plantel que conformó.

"Era un equipo bastante completito y cuando empezó el campeonato nos dimos cuenta que íbamos hacer ruido, que íbamos a clasificarnos seguros y después en play offs había que tener suerte.

“Era un equipo que se acomodaba, teníamos muchos volantes que llegaban al gol, llegaba Chuy Mendoza al gol, el Cabrito, Erviti y Lucho Pérez. Todos anotaban”, insiste.

"Cuando ganamos el campeonato jugábamos un 3-5-2 muy mentiroso. Jugaba Ricardo Martínez al arco que fue un baluarte. Jugaba Flavio Rogeiro, (Pablo) Rotchen e Ismael Rodríguez de central izquierdo. Teníamos al Cabrito Arellano por derecha que jugaba en todos lados, era tremendo. Teníamos a Lucho Pérez, jugaba el ‘Pirata’ Castro, jugaba Erviti y por ocasiones César Adame y adelante (Guillermo) Franco y Alex Fernándes, dos jugadores importantes", recuerda.

AL PRINCIPIO TUVO ROSES CON JESUS ARELLANO

No todo fue un lecho de rosas en el Clausura 2003. Pasarella reconoce que tuvo algunas diferencias con el entonces capitán Jesús Arellano. Aunque después congeniaron.

"De arranque no se portaba bien (Arellano), tuvimos una agarrada, yo lo provocaba para que él reaccionara y le dije que él no era capaz de ser como debe ser un jugador para ser campeón. Entonces se enojó y me dijo: ‘le voy a demostrar’. Y le dije: ‘demuéstrale a tus compañeros’. Era el jugador más desequilibrantes que teníamos", asegura.

LAS APUESTAS DEL CAMPEONATO

Passarella hizo dos apuestas antes del título, una con los jugadores y la otra bastante peculiar con un masajista.

"Con los jugadores había hecho una apuesta, yo había dejado de fumar y ellos me dijeron que si salíamos campeones tenía que fumar de nuevo y les decía: ‘con ustedes no voy a fumar nunca, ¡qué van a salir campeones!

"Cuando salimos campeones yo llego al vestidor y ya estaban los jugadores con el cigarrillo, el encendedor y ahí volví a fumar hasta e l2006", dice.

"Luego, hice una apuesta en broma a un chico que era masajista que se llama Miguel. Un día le dije: ‘nosotros vamos a salir campeones’. Y él me dijo: ‘ah profesor, hace mucho que no salimos campeones’. Hicimos la apuesta y me pregunta cuál sería su premio y le contesté que podía elegir un viaje adonde quisiera con toda la familia, todo pagado, 15 días. Pero le dije: ‘si salimos campeones yo te quiero a vos’, y aceptó y me dio la mano.

"Cuando eliminamos a Tigres en Semifinales ya el pibe no quería venir a trabajar. Los jugadores le decían jugando que ésa apuesta yo ya la había hecho en Argentina y que sí la había cobrado y él estaba desesperado (risas)".

"Ya estando en el vestuario (en Morelia) trajeron a Miguel, le quitaron toda la ropa, yo estaba sentado y lo tiraban hacía arriba y ya después le di un abrazo y se fue", recuerda entre risas.