REDACCIÓN
19 de marzo de 2013 / 01:48 p.m.

Santiago • Tras cuatro años de ausentarse por la violencia, miles de familias regiomontanas tomaron tumultuariamente los paseos del municipio de Santiago, donde convirtieron el asueto y el día caluroso en una fabulosa oportunidad de convivencia.

Las suaves olas, una detrás de otra, movían las aguas, antes mansas y abundantes, en las riveras de la presa La Boca. El aironazo caliente de la montaña hizo que algunas familias decidieran darse un chapuzón en improvisadas playas. Después de todo, la más cercana estaba a 300 kilómetros de Monterrey.

Las embarcaciones, al tope, surcaban el emblemático paseo en Santiago, mientras los chalecos salvavidas se veían muy bonitos, colgados en los barandales de cubierta, nada más de adorno.

El alcalde Homar Almaguer no ocultaba su entusiasmo por la masiva vuelta de visitantes a un municipio eminentemente turístico. “"Después de cuatro años regresaron las familias. El domingo entraron cinco mil autos a la presa"”, subrayó.

Esa cifra es unas diez veces mayor a los vehículos que acudieron en los periodos vacacionales de los últimos cuatro años, durante las épocas asoladas por la violencia desatada por el crimen organizado.

Familias regiomontanas cargaron hasta con los abuelitos para llevarlos a un paseo que parecen haber recuperado. El alcalde de Santiago garantizó seguridad para los visitantes.

“"En la Sierra, en la Cueva de los Murciélagos, en la Cola de Caballo las multitudes fueron impresionantes"”, manifestó.

A pesar de la oleada de visitantes, no fueron reportados incidentes graves. “"Hay dos pequeños incendios que ya controlamos"”, expresó el alcalde.

Las áreas comerciales de los Cavazos se vieron saturadas, con filas de vehículos que se prolongaban al menos por tres kilómetros.

Temperaturas cercanas a los cuarenta grados y un día extra de descanso por el Natalicio de Benito Juárez, movido al lunes por disposición oficial, fueron motivo suficiente para poblar los parajes serranos de Santiago.

Las cabañas de renta en las zonas montañosas tenían reservaciones desde hace seis meses, comentó un empleado de uno de esos atractivos en Ciénega de González, un Valle cubierto de pinos a 25 kilómetros de la cabecera de Ciénega de González.

La repentina jauja se convirtió en una oportunidad para los residentes en la sierra, que regularmente se alimentan con las hortalizas y la cría de animales de corral. Ahora los caminos a la sierra lucieron vendedores de mezcal, frutas en conserva y panadería artesanal.

“"Ya Diosito nos había castigado mucho… esta Semana Santa nos debe ir bien"”, dijo Francisco Rocha, residente de Laguna de Sánchez, cuyo vaso desecado, con una superficie similar a la presa La Boca, se convierte todo el año en zona de labranza donde se cosecha trigo, alfalfa, maíz y vegetales.

En la Laguna, poblado de unos mil habitantes, suelen recibir oleadas de turistas en cuatrimotos o vehículos todo terreno cuyos tripulantes acampan a la orilla de los caminos o en lo profundo de la montaña.

Cifras

- Superan las expectativas de los comerciantes

- 500 Autos que recibieron el sábado

- 5,000 Autos que recibieron el domingo

- 3,500 Autos que recibieron el lunes

JOEL SAMPAYO CLIMACO