10 de mayo de 2013 / 01:23 p.m.

Monterrey • Han transcurrido casi dos meses y medio desde que, por un mandato judicial, la Fuerza Civil del Estado tuvo que desalojar el cuartel de la zona sur en la colonia Lagos del Bosque.

Son ya 72 días, y la inseguridad parece ir ganando terreno, ante la desilusión de la mayoría de los habitantes no sólo de ese fraccionamiento, sino de una amplia zona.

Fue un amparo concedido a dos particulares, por el Tercer Tribunal Colegiado en Materia Administrativa, lo que orillo a las autoridades estatales a abandonar el edificio.

El inmueble se localiza en la avenida Eugenio Garza Sada y la calle Lago Catemaco, y albergaba a más de 100 elementos de Fuerza Civil destinados a la seguridad y vigilancia de más de 20 colonias.

Sectores como Cortijo del Río, Satélite, Villa Las Fuentes, San Ángel, La Estanzuela y Sierra Ventana, en otros, estaban bajo el resguardo de esos oficiales.

Ahora, según ha trascendido, los índices de inseguridad, como robos y asaltos, se han incrementado en las últimas fechas, ante la dificultad de contar con una mejor y mayor vigilancia.

A las 21:00 horas del 27 de febrero del presente año quedó completamente desalojado el cuartel, tras el amparo logrado por los particulares Manuel López Castro e Hilda Rodríguez.

Ellos alegaron en la demanda, que por la cercanía de sus viviendas con el cuartel, sus familias corrían peligro ante un eventual ataque por parte de la delincuencia.

Sin embargo, la determinación judicial causó una inmediata reacción entre los vecinos de diversas colonias de la zona sur.

Los presidentes de colonos recabaron firmas y llevaron a cabo manifestaciones, solicitando la intervención del Gobierno estatal, pero no obtuvieron resultados.

Los vecinos que sí desean las oficinas policiacas señalaron que era muy difícil un ataque a ese edificio. Nunca se registró uno, ni siquiera cuando el Ejército ocupó esas instalaciones durante más de un año.

La noche del 27 de febrero los elementos de Fuerza Civil salieron de su cuartel y se llevaron en las patrullas sus camas, ropa, utensilios y demás objetos, sin que se precise cuándo regresarán.

Por el momento el sitio es vigilado por un grupo de policías, con el fin de evitar que extraños ingresen y hagan mal uso de las instalaciones.

AGUSTÍN MARTÍNEZ