20 de septiembre de 2013 / 02:28 a.m.

Santiago • Frente a lo que fue su casa, habitantes de la tercera edad se resignan haber perdido todo su patrimonio y otros para sobrevivir reciclan agua de los arroyos para consumo humano.

Dos casos que existen en la comunidad de La Nogalera, un poblado que fue durante azotado por las torrenciales aguas del fenómeno climatológico "Ingrid" que pasó por Nuevo León.

Sobre la misma carretera, pero separadas por una distancia de 100 metros, ambos vecinos tristes esperan la ayuda del Gobierno Estatal, la cual no ha llegado aún a esa comunidad.

Enriqueta Rocha Gutiérrez, de 70 años de edad, fue encontrada de pie y a la orilla del arrollo, que en cuestión de minutos arrasó por completo su casa de madera.

"Esa era mi casa, pero gracias a Dios no me pasó nada, mis hijos me salvaron cuando escucharon el ruido del agua".

Sin embargo, un ego de tristeza invadió su voz y su rostro marcado por el paso de los años, mostró la inquietud e incertidumbre de no saber qué pasará más adelante.

"Hasta ahorita nadie ha venido a ver qué pasó, no hay ayuda, no tenemos que comer, lo poco que tenemos lo cuidamos y cocinamos con leña".

Del otro lado de la corriente, se alcanzan a ver las mitades de los dos cuartos de madera que durante muchos años fue su domicilio; ahora nada se puede hacer.

Atorados entre las raíces de un árbol, los restos de la vivienda dejan ver algunos de los muebles que lograron rescatar antes de que la naturaleza reclamara su territorio.

A 100 metros de distancia, otro drama de esta tragedia la vive doña María Octavia Salazar, de 80 años de edad y vecina de toda la vida en esa comunidad conocida como La Nogalera (oficialmente ejido Potrero de Serda).

Ella, con un andar muy lento sale de su casa y nos recibe en el porche de su domicilio, "Como están, el agua mojó todo" y aunque quiere cubrir que las lluvias no dañaron el interior de su casa, la verdad es otra.

En ambos cuartos, uno que ocupa la cocina, es evidente observar que la lluvia trasminó el techo de concreto y cayó sobre una mesa.

Doña María Octavia sufre la misma situación que la mayoría de esa comunidad, así como la de El Manzano, Ciénega de González, Potrero Redondo y Juan Bautista.

"No hay comida ni agua, tuve que llenar botes de refresco con agua de la corriente, pero está muy sucia y tengo que esperar a que se asiente".

En su despensa, unas cuantas cosas, un litro de aceite y algunos sobres de sopa, pero agua purificada no existe.

Una antigua chimenea cerca de la pared y sin usar, muestra la magnitud del problema que se acrecentó con la tormenta.

Al fondo, un recipiente oscurecido por el uso de leña, sirve de protección a un gato que al escuchar la plática sale corriendo hacía el patio.

"Quisiera me ayudaran con alimentos y agua, todo está destrozado, yo no puedo salir de casa y menos ahora que el agua todo se llevó", dijo mientras recorre el porche de su casa.

MARCIAL PASARÓN