2 de agosto de 2013 / 01:37 p.m.

San Pedro Garza García.- • Sus hojas se balancean de forma apacible en el incesante infierno de 39 grados centígrados que se vive en la ciudad.

Su cuerpo, tan alto como algunos edificios pequeños, lucen aún fuerte pese a la decadencia de años de supervivencia; de medio vivir.

Muchos lo recuerdan por ser junto con "El David", el emblema que daba la bienvenida a quienes ingresaban al municipio más rico de todo México y el Cono Sur del continente. Hoy el David ha partido, y muy pronto se le unirá el Sauce Llorón de Fuentes del Valle.

Frente a sí han transcurrido remodelaciones. Negocios van y negocios vienen; vialidades mejoran y empeoran; incluso huracanes arrecian en el sitio donde ni las inclemencias del tiempo o de funcionarios municipales pudieron derribarlo. Sin embargo, el sauce de Fuentes del Valle y Calzada San Pedro, coloso vigía del Monumento a las Banderas ha muerto.

El vigía se mantiene firme, pero tambaleando ante lo que científicos de la Máxima Casa de Estudios del Estado señalan como una muerte natural, un lapso de decadencia que no pudo aplazarse y decidió fuera hoy, en 2013, justo a 67 largos años de haberse iniciado en este sitio, que parta para siempre.

Sin embargo, aún después de la muerte, el sauce alcanzará un galardón que muy pocos logran y tanto buscan: la inmortalidad.

Para algunos es sólo un pedazo de madera imponente; para otros un emblema que tras ser derribado este fin de semana, partirá consigo un trozo de San Pedro Garza García.

Por ello es que la autoridad rendirá un homenaje que pocos podrían presumir: artesanos tomarán partes de su cuerpo y tallarán hermosos trabajos para ser mostrados a futuras generaciones a través del Museo del Centenario.

Otros creen que las viejas generaciones deben dar espacio a los nuevos para cumplir con ello el ciclo de la vida o una de tantas leyes darwinianas. Ante ello, el viejo sauce no sólo formará parte del museo municipal, sino que servirá de composta para los nuevos especímenes que ocuparán su sitio.

Ahí, en un espacio de entre una y dos semanas, recibirán a los regiomontanos y sampetrinos de tres a cuatro guardianes: un sabino de 16 pulgadas y siete toneladas; así como entre dos y tres encinos de 12 pulgadas.

En la memoria de los sampetrinos perdurará el sauce de Fuentes del Valle. Aún en su lecho de muerte se resiste a perecer en la tierra que lo ha visto sobrevivir durante casi siete décadas.

Los hongos y las termitas se han encargado de asesinar por dentro al Salix Babylonica, quien cuenta las horas para decir no un adiós, sino hasta pronto, y junto con otros emblemas sampetrinos formar parte de los añales de la historia, de donde difícilmente podrá ser talado. ISRAEL SANTACRUZ