4 de enero de 2013 / 08:11 p.m.

Habitantes de Soledad Atzompa, entre ellos artesanos indígenas, campesinos y fabricantes de muebles de madera retuvieron y golpearon a cinco policías y al secretario del ayuntamiento de Acultzingo, Rodolfo Balderas Sánchez; dañaron una patrulla y amenazaron con tomar medidas más severas si “continúan las extorsiones y abusos de los policías” del vecino municipio enclavado en los límites con Puebla, en la zona serrana del centro del estado.

Ayer jueves los policías de Acultzingo fueron retenidos por los habitantes de la comunidad de Acatla en Soledad Atzompa, quienes se quejaron de que los elementos policiacos han hostigado a los campesinos y artesanos cuando cruzan por aquel municipio al salir a vender sus productos a Puebla y otras localidades de la entidad veracruzana.

Tras varias horas y después de hacer caminar a los policías descalzos, a lo largo de más de cuatro kilómetros y golpearlos al grado de que se desmayaran, los elementos de seguridad preventiva fueron liberados y atendidos en el hospital, quedando aún internado dos de ellos.

Los campesinos y artesanos de Soledad Atzompa, acusan a los policías del vecino municipio de Acultzingo de parar sus camionetas por diversas causas, pedirles dinero o robarles mercancías.

La situación en los dos municipios indígenas es tensa, ya que los habitantes de Acultzingo pretendían ir a rescatar a los policías retenidos.

El presidente municipal de Soledad Atzompa, Cristóbal Vega Cruz, admitió que los pobladores no debieron secuestrar, ni golpear a los policías y al funcionario municipal de Acultzingo, sin embargo aclaró que el ayuntamiento no pagará las reparaciones de la patrulla dañada.

Por su parte el alcalde de Acultzingo Cándido Morales Andrade, lamentó los hechos y dijo que interpusieron denuncia penal en el Ministerio Público de Ciudad Mendoza ya que la patrulla quedó destrozada.

Señaló que los habitantes del municipio vecino se han caracterizado siempre por conflictivos; son muy dados a hacer protestas, bloqueos de caminos y hacerse justicia por sus propias manos.

— ISABEL ZAMUDIO