Francisco Zúñiga
15 de agosto de 2013 / 12:29 a.m.

 

Monterrey  • Muchas facetas ha tenido en su vida don Juan Celada Salmón, y por todas ellas ha merecido premios y reconocimientos.

Pero quizá ninguno tan emotivo como el que sus ex alumnos del ITESM le brindaron esta vez.

Juan Celada Salmón nació el 14 de febrero de 1916, en Hermosillo, Sonora, pero su familia se trasladó a Torreón, Coahuila, por los conflictos revolucionarios; y ahí estudió ingeniería.

Es el inventor de un sistema de reducción directa del hierro, del que se obtiene el fierro esponja, materia prima para la fabricación de acero. Es considerada la principal aportación tecnológica de México a la industria siderúrgica mundial.

Pero no es la única patente que tiene, registró 398, todas producto de su investigación industrial.

En 1946, don Eugenio Garza Sada lo invitó a formar parte del cuerpo docente del entonces naciente Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, e impartió cátedra hasta 1960, siempre adelantado a su época.

En un encuentro de amigos, más que de maestro y alumnos, los ahora profesionistas experimentados le entregaron el Premio Carlos Dune Reynard, que se entrega por primera vez y estará destinado a quienes logran conjugar la cátedra con la investigación industrial.

Además le entregaron un cuadro del pintor Efrén Ordóñez, donde se ve el antiguo Palacio Municipal de Monterrey, la Plaza Zaragoza, hace por lo menos un siglo, y al fondo el cerro de La Silla.

"Me siento muy contento y listo para seguir trabajando", dijo brevemente el ingeniero Celada Salmón al término del evento.

Fue todo un acontecimiento su llegada al Tec, sus ex alumnos, todos ellos egresados hace más de 50 años, lo recibieron con el gusto con el que se acoge a alguien que ha trascendido en sus vidas.

Juan Antonio González Aréchiga, organizador del homenaje, recuerda cómo a él le tocó sorprender a los maestros de universidades norteamericanas por sus conocimientos en ciertas áreas industriales que ni siquiera allá conocían, o estaban en plena investigación: "me preguntaban dónde lo había estudiado, y yo les decía que en Monterrey, con Juan Celada Salmón", comentó el ingeniero.

Muchas décadas han pasado desde que compartieron las aulas, pero cuando alguien les pregunta por los maestros que trascendieron en su vida, la mayoría recuerda de inmediato el nombre del Ingeniero Juan Celada Salmón, recordó en su mensaje González Aréchiga

Fue una reunión de amigos, recuerdos, reencuentros y felicidad, porque, a pesar de ser un hombre exitoso en muchas facetas, sus ex alumnos le hicieron entender que si bien dejó su nombre inscrito en la historia por sus investigaciones, también lo inscribió en las futuras generaciones por sus enseñanzas.