4 de febrero de 2013 / 03:56 a.m.

Santa Catarina.- • Edgar Dimas llevó la música en la sangre desde pequeño. Sus sueños eran de ser un gran artista, reconocido, vitoreado por las multitudes y de quien todos hablaran por los ensambles armónicos que de su instrumento salieran. Y fue la música la que precisamente lo despidió en el último momento.

El integrante del grupo vallenato Kombo Kolombia perteneció a diversas agrupaciones musicales, por lo que familiares y amigos arribaron con instrumentos musicales para despedir al amigo, al hijo, al hermano, al esposo y al padre de familia.

Los sonidos del acordeón y la guitarra volaron con el viento del mediodía en el panteón de la colonia Santa Magdalena y el llanto de los presentes nubló la tarde, pese a que el sol pegaba con ahínco.

La madre desfallecida se aferraba a la mano de su esposo, recordando quizá los momentos de niñez de Edgar.

“"Mi hermano siempre quiso ser artista, ser reconocido; siempre le gustó la música y se esforzaba, porque él decía que quería sacar de pobre a mi mamá, a mi papá, que él iba a sacarlos adelante, pero pasó esto y eso ya no podrá ser"”, señala entre llanto Yahaira Dimas, hermana de Edgar, víctima de la delincuencia organizada, tras ser secuestrado y ejecutado con el resto de los integrantes del Kombo Kolombia.

Hace poco más de una semana la vida de los presentes era distinta. Nadie imaginaría que a 10 días estarían llorando en la tumba de Edgar, tocando como en los ensayos y, sobre todo, pidiendo justicia, aunque, pese a que se encuentren culpables, de nada servirá.

“"Yo le digo a las autoridades que hagan su trabajo, no puedo pedirles más, porque de nada sirve que les exija, ni todo su esfuerzo, ni encontrando a todos los culpables mi hermano regresará. Él se fue y no va a volver y eso con nada se paga"”, menciona, mientras una lágrima corre por su mejilla.

Ellos, como cientos de familias en la entidad, esperan despertar de la pesadilla; sin embargo, pronto se dan cuenta que es la realidad quien los ha golpeado; que el dolor es causado por la batalla entre grupos de la delincuencia organizada y una autoridad que no ha podido frenar la ola de muertos en Nuevo León.

ISRAEL SANTACRUZ