17 de abril de 2013 / 10:43 p.m.

Monterrey.- • Minutos antes de llegar a la escuela, Óscar, de 12 años de edad, nunca se imaginó que su vida cambiaría de un momento a otro.

Como todos los días, a la misma hora pasaba junto con su papá por las calles de Playa Peñasco y Playa Santiago, en la colonia Primavera, dos calles que se bifurcan cerca del Arroyo Seco y de la escuela secundaria número 50 que existe en esa zona al sur de la ciudad de Monterrey.

A bordo de la camioneta de su papá, Óscar se disponía a cumplir un día más de obligaciones académicas, un día más de proyectos.

Sin embargo, en esta ocasión, cerca de las 7:15 horas del miércoles, la vida ya no sería igual a partir de esos momentos.

Al salir de su casa y antes de abordar el vehículo, los gritos de dos sujetos encapuchados y con armas de fuego rompieron la calma en una zona residencial tranquila por excelencia.

Bastaron dos minutos, máximo tres, para que los delincuentes con las pistolas apuntaran a corta distancia a un sorprendido padre de familia que no alcanzó a reaccionar y, petrificado, observó cómo los delincuentes subían al pequeño a la camioneta y huían.

El rechinar de las llantas y el estruendo de un impacto, hizo que vecinos del lugar salieran alarmados ante los gritos de auxilio de una familia angustiada y aterrorizada por lo sucedido.

En su huida, los delincuentes chocaron por alcance contra un automóvil donde viajaba una mujer; el fuerte impacto desprendió uno de los cuartos traseros del auto.

Sobre el pavimento, quedaban las huellas de los neumáticos que al ser acelerados mancharon de negro el piso de una de las calles.

Segundos después, el silencio invadió el lugar, solo el sollozo que vino después de la sorpresa se escuchaba en la zona.

"Fue muy rápido, yo solo sentí el golpe y mi carro se estremeció; frente a mí pasó una camioneta", dijo la mujer a la que le tocó estar en el lugar equivocado.

La ciudad se sorprendió al saber la noticia y la reacción de los cuerpos de policía no se hizo esperar.

Patrullas de policía municipal, Marina y agentes ministeriales recorrieron las calles; uniformados a pie y en patrullas fueron vistos cerca de la zona; todos tenían una misión: encontrar al menor y capturar a los responsables.

Sin embargo, los sujetos lograron huir y la colonia quedó sumida en medio de la zozobra y el terror.

MARCIAL PASARÓN REYES