9 de junio de 2013 / 01:24 p.m.

Al tiempo que ofrece esta bebida, tras 45 años como mesero, don Manuel Hernández Orasala ofrece sus dotes de cantante y prestidigitador.

 

Monterrey.- • El servir café puede convertirse en arte.

Lo hace don Manuel, quien tras 45 años como mesero muestra sus dotes de cantante, prestidigitador y hasta animador, cuando sirve café en un restaurante del centro de la ciudad.

Café hay en muchas partes, pero un café lechero y cantado, solo don Manuel Hernández Orasala.

"Yo aquí vendo el sabor, no el café, porque tiene el toque especial para un paladar acostumbrado a las cosas buenas".

Hernández Orasala, más que mesero, se ha convertido en todo un artista y, por supuesto, en la atracción de quienes quieren disfrutar la mañana con un café diferente en el centro de la ciudad.

Con cuatro décadas en el oficio, mientras sirve el café, es mesero, y cantante.

Mientras sirve esta deliciosa infusión, suelta la voz y el comensal parece introducirse en una de esas viejas películas mexicanas, donde todos cantaban en cualquier hora y en cualquier lugar.

"Llegó el lechero, llegó cantando", se escucha por todo la Cafetería Gaby, mientras el mesero va dejando verter la leche y suelta la voz de barítono.

El café lechero es algo tradicional en muchas partes. A diferencia del café americano, se sirve en un vaso alto. Quienes han estado en el Café La Parroquia, en el Puerto de Veracruz, seguramente lo han probado de una manera diferente, similar a la que don Manuel ha implementado en la Cafetería Gaby.

El protocolo obliga a servir primero un par de onzas de café en un vaso y luego verter la leche, mientras sube la altura de la jarra. La excelencia obliga a no tirar ni una gota.

Don Manuel sabe hacerlo y, mientras la leche se deposita, va subiendo el brazo, hasta que la jarra queda a una altura de casi un metro sobre el vaso.

La creatividad de Manuel, le hizo agregar el toque artístico, con una melodía que hace voltear a todos los parroquianos, para ver su espectáculo.

La leche cae y la melodía sigue, hasta que el vaso se llena, coronado de espuma, y un estrepitoso aplauso corona la actuación de este hombre, que disfruta su trabajo.

Como las cosas buenas de la vida, el show de Manuel Hernández Orasala no cuesta. Basta pedir un café lechero. Del resto, él se encarga.

FRANCISCO ZÚÑIGA Y NADIA VENEGAS