21 de abril de 2012 / 03:48 p.m.

Una de las más recientes enseñanzas trascendentales que he tenido es la que me dio la psicoterapeuta de origen belga Esther Perel hace unos meses, a través de su inolvidable taller durante el Congreso de Educación Sexual y Sexología que realizó la FEMESS en Chiapas.

Después de tener un hijo, mi realidad amorosa, erótica, cotidiana, se modificó radicalmente. Antes de que este cambio me generara problemas con mi esposo, comencé a reflexionar cómo integrar mi maternidad en mi vida de pareja, una tarea nada fácil.

Empecé a investigar, a leer, pero fue hasta que conocí el libro de Esther, Inteligencia erótica, y la escuché explicar el contenido, que entendí la importancia de “pensar” el erotismo, de entender el deseo (aunque parezca una tarea imposible), de decidir en conjunto qué hacer con nuestra libido.

“La mayoría de las personas hoy tienen dos a tres casamientos o parejas en su vida, pero hay algunas que lo hacen con la misma persona”, señala Perel. La frase no debe tomarse literal, sino entender su significado: si no entendemos y ajustamos nuestras ideas, ideales, hábitos, acciones y actitudes eróticas, estaremos saltando de pareja en pareja sin encontrar lo que buscamos porque seguiremos repitiendo los esquemas que no nos han funcionado.

A la consulta de Esther llegaban muchas parejas que se amaban, pero ya no tenían deseo.

Y es que mientras el amor quiere poseer, lo erótico tiene que ver con ese espacio que te hace desear lo que es inalcanzable. Entonces, vivimos en una dualidad tremenda porque, por un lado, hombres y mujeres siguen teniendo el deseo de vivir relaciones duraderas llenas de amor, pero por el otro tienen ese anhelo casi infantil de vivir lo prohibido, lo desconocido, lo que dé novedad, nos haga transgredir, nos alimente la curiosidad.

Los hijos, que llegan a sublimar la expresión del amor de una pareja y a afianzar el compromiso, también pueden dar por terminado el vínculo pasional. En un revelador capítulo de su libro, Esther señala que las mujeres, al convertirnos en madres, satisfacemos una buena dosis de nuestro deseo con los hijos. Es una cuestión de acercamiento y de hormonas. El contacto que tenemos con nuestros bebés piel a piel, las caricias que les prodigamos y las que recibimos de su parte, el dormir a su lado y acunarlos cada noche suelen llenar esa necesidad de acercamiento corporal que tenemos, por lo que, al término de la jornada, ya poco nos queda para dar o que deseamos recibir de nuestros compañeros.

Sin embargo, la solución no es estar pegados como chicles u obligándonos a tener encuentros eróticos porque “hoy toca”. El amor busca la cercanía, quiere tener, pero el deseo es querer y para querer se necesita alguna distancia psicológica, se necesita un espacio entre uno y el otro, se necesita una alteridad. Este es el espacio erótico, y hay que explotarlo a nuestro favor en lugar de repelerlo.

Dice Esther: “Actualmente tomamos todas nuestras necesidades de seguridad y las trasladamos a la pareja, a una sola persona que nos deberá aportar lo que antes obteníamos de una cadena de instituciones, de un pueblo, de una comunidad, de una iglesia. Pero el fuego necesita aire y demasiadas parejas o una exagerada cercanía no dejan suficiente aire como para mantener encendida la hoguera”.

La inteligencia erótica nos debería llevar a establecer diálogos con nuestra pareja, establecer pautas y aceptar posibilidades bajo el entendido de que lo que afecta la relación es el engaño, no las actividades individuales. “Durante una narrativa relacional —afirma Perel— se pueden tener periodos en que son monógamos, más monógamos, menos, más experimentales o menos y que se va desarrollando una definición de la monogamia o de la fidelidad como una lealtad, no como una obligación”.

En lo personal, me parece que deberíamos hablar con nuestros compañer@s sobre sus deseos, los puedan o no alcanzar a nuestro lado, sobre lo que podemos/queremos hacer juntos y lo que no. Incluso entrarle al toro por los cuernos antes de que pase. Preguntarle al otro: “¿Qué haríamos si tú o yo nos sintiéramos atraídos por alguien más o por hacer algo que no estamos seguros de que el otro quiera compartir?”. Y hablarlo antes de que suceda, si es que llega a suceder, porque a veces pasa como con los niños (recordemos aquello de que el deseo te lleva a transgredir como en la infancia): cuando dejas la puerta abierta y te vas, deciden no salir, aunque hayan estado media hora berreando para que la abrieras.

Otro punto importante: “La intimidad a veces no la tienes con tu esposo o tu esposa, la intimidad la tienes con tus amig@s y puede ser que tu mejor amigo no sea el esposo o la esposa, sino otra persona”. Hay que dar tiempo para estar a solas con la pareja, pero también para estar sin ella, para salir a divertirnos un rato sin tener que jalar con toda la familia (y sin que nadie se sienta abandonado por ello), pues aprender a entender y sentir esos actos ayudará, entre muchas otras cosas, a quitarle cargas a la pareja, de tal manera que cuando estemos con ella el deseo brote porque le hemos quitado responsabilidades y obligaciones innecesarias, dando a cambio el encanto del reencuentro en libertad.

El buzón de Verótika

Hace algunos meses me detectaron el virus del papiloma. Empecé a tener dudas al respecto y sexualmente me siento un poco retraída con mi pareja. Por ahora no podemos tener relaciones porque estamos en tratamiento médico, pero tengo miedo a la enfermedad y no sé qué va a pasar cuando reanudemos nuestra vida erótica. ¿Podremos dejar de usar condón? ¿Practicar el sexo oral? Hemos llevado una buena vida sexual, y temo que eso cambie.Yen Mor

Estimada amiga:Entiendo tu sorpresa y posterior miedo, ese momento en que te preguntas, si tienes una pareja estable: “¿Pero quién contagió a quién? ¿Cómo y cuándo fue? ¿Y cómo es él, en qué lugar se apoderó de mí?”. Comienzan las dudas, el enojo, luego la molestia del tratamiento y, más tarde, el regreso a esa vida erótica que dejamos en suspenso.

Sin embargo, Yen, el VPH es la infección de transmisión sexual más frecuente hoy en día y 80 por ciento de las mujeres han contraído el virus. No pretendo decirlo como justificación, sino como preámbulo para comentarte que es inútil tener este tipo de pensamientos porque son semejantes a la inmortal pregunta de qué fue primero, si el huevo o la gallina. No sabrás nunca si tú fuiste la portadora inicial o tu pareja, así que déjalo ir.

Entre las medidas para prevenir la infección por el VPH genital o para evitar nuevos brotes se encuentra la abstinencia sexual o la practica de sexo seguro: limitar el número de parejas sexuales y la utilización de condones (los cuales, en este caso, son seguros en un 70 por ciento. El 30 por ciento de inseguridad se debe a la existencia de lesiones en zonas no cubiertas por el preservativo y al mal uso del mismo).

Entonces, te recomiendo que sigas las indicaciones de tu doctor y que te hagas un control de rutina dentro de tres meses y luego a los seis, para que confirmes que no ha reaparecido la lesión. Durante estos meses, te pido que usen condón, incluso en la práctica oral (no tienes por qué dejarla, pero usen un preservativo de sabor y uno que te cubra la vulva). Ya que sepas que no volvió a surgir el VPH, entonces puedes regresar a tu vida erótica sin protección, en el entendido de que llevan una relación de pareja monógama o superprotegida.

Toma esta experiencia sin miedo, pero como un aprendizaje de vida que te ayude a replantear tu práctica erótica para hacerla sana, segura y muy agradable. Hazte cómplice de tu pareja y aprendan a gozar con condón por un tiempo. Hay tantas cosas que se pueden hacer, mi estimada Yen, que seguro la pasarán muy bien.

VERÓNICA MAZA BUSTAMANTE