26 de octubre de 2013 / 04:15 p.m.

Monterrey.- Probablemente tenía 200 años... Algunos aseguran que hasta más... Su gallarda figura enmarcaba al Cerro de la Silla, símbolo de Monterrey y bajo su frondoso ramaje juguetearon aquellos niños que hoy son abuelos.

Durante más de medio siglo, la calle Urano de la colonia Contry fue conocida como "la calle del árbol de enmedio"- Es que cuenta la leyenda urbana, el promtor de la colonia ordenó que se respetara el hermoso ejemplar y se dejó a mitad de la avenida... Bueno, así era hasta este viernes 25 de octubre del año 2013.

Entre una nube de aserrín y el estruendo de una motosierra, dos siglos de vida fueron cayendo en pesadas piezas.

Gruesa pedacería del legendario tronco se estrellaba contra el pavimento, como queriendo descubrir que bajo él hace 60 años había un campo de golf y mucho antes tierras de labranza.

A pesar de su follaje y que aun brindaba nueces generosamente, el árbol agonizaba y comenzaba a inclinarse peligrosamente. Un dictamen de la Direccion de Ecología de Monterrey condenó a muerte al árbol. "Pudricion tejana" de la mitad del tronco para abajo, decía el documento. Tarde que temprano se desplomaría. O era él, o eran los vecinos.

El silencio era roto por la máquina que cercenaba las ramas donde todavía esa mañana merodeaban las ardillas que disfrutaban de las ricas nueces. Desde el portal de su casa, sobre una silla de ruedas, don Francisco Montemayor observaba callado, nostálgico a ese monumental vecino que lo acompañó durante casi medio siglo.

A su lado, su esposa doña Elvira Ocañas veía a las cuadrillas cumplir su misión con dramática eficiencia.

Don Francisco veía caer los troncos de más 80 kilos y fotografiaba la despedida del nogal desde su privilegiada aunque peligrosa tribuna. Y expresó su sentir.

Y siguieron cayendo las pesadas piezas ante la acción de la rugiente cadena que iba destazando a ese gigante que vivió apacible durante tanto tiempo.

La silenciosa tristeza fue apoderándose del vecindario a medida que se extendió la noticia de la caída del añoso nogal. Otros estaban alegres. Eran los trabajadores que descuartizaban al nogal de madera. Ellos disfrutaban de las últimas nueces, la herencia de un viejo que moría.

Joel Sampayo Climaco