15 de diciembre de 2013 / 05:42 p.m.

En diferentes puntos del área metropolitana de Monterrey se pueden ver esas pintas ilegales en diferentes colores y aunque para algunos es bueno, para otras personas representa una falta de respeto.

 

Monterrey.- Las paredes de negocios, viviendas, y puentes siguen siendo blanco de los grupos de jóvenes que les gusta rayar y hacer graffiti, mismo que dan mal aspecto y que provoca un gasto extra para los dueños de comercios.

En diferentes puntos del área metropolitana de Monterrey se pueden ver esas pintas ilegales en diferentes colores y aunque para algunos es bueno, para otras personas representa una falta de respeto.

"Da muy mal aspecto y también no sé porque lo hacen porque también es  un gasto para ellos en la pintura y continuamente tenemos que estar dándole una manita de pintura para que no se vean tan mal las paredes de los locales", expresó don Baudilio Lozano, quien habita en la zona norponiente de la ciudad.

Es por ello que invitó a los jóvenes a que dejen de rayar, pues Lozano ha tenido que pintar varias ocasiones la fachada de su negocio de venta de ropa y zapatos.

"Los exhortamos a los muchachos que están haciendo esta pintarrajeada a que ya no lo hagan por beneficio de todos los vecinos; en mi negocio hemos tenido que parchar o pintar continuamente", dijo.

Comentó que aunque no es mucho lo que se gasta en la pintura, no es correcto que los ciudadanos pinten bardas o paredes que no les corresponde y las llenen de graffiti.

"No llega a mucho, pero sobre todo el mal aspecto que da", aseguró.

Por su parte el señor Lázaro Bernal dijo que no es correcto que sigan "adornando" la ciudad con ese tipo de rayones.

"Pues vas caminado y ves cómo están las bardas, no me parece justo", expresó Bernal.

En negocios ubicados en la Avenida Bernardo Reyes, en Monterrey se pudo ver el graffiti, incluso en camiones.

En algunos municipios han buscado darle alternativa a los jóvenes graffiteros para que sus pintas ilegales sean estampadas en murales autorizados por los mismos vecinos, sin embargo aún existen aquellos que les gusta dibujar en lugares no adecuados.

MARILÚ OVIEDO